La Corporación
Poeta veterano
Desde el Evaristo Corumelo, por Renato Vega.
Alfredo, nada puedo asegurarte que no sea el feliz día de tu muerte, que alguien te haya mandado una carta de amor y no puedas contestarla, que la Querubina por fin quiera tener sexo y no tengas tiempo de complacerla, que el Porras haya decidido jugar esta tarde contigo de compañero, como acto de generosidad, una partida de dominó a la que nunca llegues.
Finalmente la vida es pura matemática. Me baso en la bioestadística: dos ó tres asesinatos por hora es razón suficiente para mantener el orden y el estatus en cualquier especie animal, no racional; porque si este fuera el caso, el número se debiera triplicar.
Debemos celebrarlo Alfredo, he sobornado al celador para que nos pase una botella de bourbon, Four Roses, ¡cómo te gusta! Celebraremos tu último día en este maldito frenopático. Alfredo, tú ya sabes lo mal que caes a los internos, tu prepotencia, esos versos neorománticos que se han devenido en un maldito castigo, acaparando nuestras veladas después de cenar. Y sobre todo, que necesitamos alguna alegría. Desde que elPrior mató a Cara de Chivo, y se lo comió, nada ha sacado una sonrisa de nuestros labios en muchos meses.
La única duda que me queda es cómo te gustaría que te asesináramos. Yo había pensado en la estricnina para que todos pudiéramos ver la cara que pones al sentir las primeras punzadas en el estómago. Comprobar si ese rictus trágico coincide con el que yo sentía cuando me encerraron veinte días en el cuarto oscuro, por meter una rata en la sopa. Te chivaste a la doctora y te reías como yo espero reírme con este chiste grotesco que será tu muerte.
Alfredo, lo único que siento es que ya se aproxima la primavera y te extrañaré. Siempre nos gustó ayudar al jardinero en el cuidado de las rosas; todos los días le regalabas una a la Querubina para intentar follártela. No te preocupes, ya lo haré por tí. De sus ojos saldrán las últimas amapolas para tu tumba.
ElPrior me comentó que deseaba probar tu carne, nunca le pregunté si era sólo una metáfora; como tú sabes, a él también le gusta la poesía.
Hno Renato Vega
Alfredo, nada puedo asegurarte que no sea el feliz día de tu muerte, que alguien te haya mandado una carta de amor y no puedas contestarla, que la Querubina por fin quiera tener sexo y no tengas tiempo de complacerla, que el Porras haya decidido jugar esta tarde contigo de compañero, como acto de generosidad, una partida de dominó a la que nunca llegues.
Finalmente la vida es pura matemática. Me baso en la bioestadística: dos ó tres asesinatos por hora es razón suficiente para mantener el orden y el estatus en cualquier especie animal, no racional; porque si este fuera el caso, el número se debiera triplicar.
Debemos celebrarlo Alfredo, he sobornado al celador para que nos pase una botella de bourbon, Four Roses, ¡cómo te gusta! Celebraremos tu último día en este maldito frenopático. Alfredo, tú ya sabes lo mal que caes a los internos, tu prepotencia, esos versos neorománticos que se han devenido en un maldito castigo, acaparando nuestras veladas después de cenar. Y sobre todo, que necesitamos alguna alegría. Desde que elPrior mató a Cara de Chivo, y se lo comió, nada ha sacado una sonrisa de nuestros labios en muchos meses.
La única duda que me queda es cómo te gustaría que te asesináramos. Yo había pensado en la estricnina para que todos pudiéramos ver la cara que pones al sentir las primeras punzadas en el estómago. Comprobar si ese rictus trágico coincide con el que yo sentía cuando me encerraron veinte días en el cuarto oscuro, por meter una rata en la sopa. Te chivaste a la doctora y te reías como yo espero reírme con este chiste grotesco que será tu muerte.
Alfredo, lo único que siento es que ya se aproxima la primavera y te extrañaré. Siempre nos gustó ayudar al jardinero en el cuidado de las rosas; todos los días le regalabas una a la Querubina para intentar follártela. No te preocupes, ya lo haré por tí. De sus ojos saldrán las últimas amapolas para tu tumba.
ElPrior me comentó que deseaba probar tu carne, nunca le pregunté si era sólo una metáfora; como tú sabes, a él también le gusta la poesía.
Hno Renato Vega
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