IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Abarcaremos cielos grises,
y suelos blancos,
en nuestras palmas,
la herida ardiente de dios,
de un creador que supo en su soledad,
que la única salida es la finitud,
inmolación repartida,
desde su cuerpo,
por todo silente espacio,
desparramados sus órganos,
formando estrellas y cauces,
donde la eternidad descansará por última vez,
y en estos renglones,
la melancolía certera,
de sus imparables errores,
hechos ceniza culpable.
y suelos blancos,
en nuestras palmas,
la herida ardiente de dios,
de un creador que supo en su soledad,
que la única salida es la finitud,
inmolación repartida,
desde su cuerpo,
por todo silente espacio,
desparramados sus órganos,
formando estrellas y cauces,
donde la eternidad descansará por última vez,
y en estos renglones,
la melancolía certera,
de sus imparables errores,
hechos ceniza culpable.