Évano
Libre, sin dioses.
Yo, ahíto del superfluo yo,
de quereres y bailes
y danzas circulares
en torno a lo profundo.
Yo, ahíto de peldaños acólitos
y escaleras de espirales
que vienen y van y vuelven
y rodean a lo neutro.
En mí, se instala la agrafia
y contemplo lo infausto
del diccionario de lo agreste
de la natura y reprendo
el agiotaje que pulula
por este mundo abocado
al desastre de uno mismo.
Adlátere a lo inerte del camino
que llevan las inercias de las mentes,
me arrastro por cunetas de lo agnóstico.
De mientras, calzo de coturno versos,
un poema ilegible para el yo.
Aciago vate aherrojado
a grilletes que me encadenan
al aherrumbro del filósofo
encarcelado tras barrotes,
o la celda de cada día
y cada noche de esta tierra
que deriva acantilados,
abismos y Apocalipsis.
Infiernos bíblicos del yo,
del yo de cada uno inhalado
y arrojado al último precipicio,
sima abisal y cuna de la agrafia.
Decido entonces escribir con huesos
y usar la sangre que me va dejando
el avance en lo agreste de la vida
como letra legible ante mi muerte.
 
 
de quereres y bailes
y danzas circulares
en torno a lo profundo.
Yo, ahíto de peldaños acólitos
y escaleras de espirales
que vienen y van y vuelven
y rodean a lo neutro.
En mí, se instala la agrafia
y contemplo lo infausto
del diccionario de lo agreste
de la natura y reprendo
el agiotaje que pulula
por este mundo abocado
al desastre de uno mismo.
Adlátere a lo inerte del camino
que llevan las inercias de las mentes,
me arrastro por cunetas de lo agnóstico.
De mientras, calzo de coturno versos,
un poema ilegible para el yo.
Aciago vate aherrojado
a grilletes que me encadenan
al aherrumbro del filósofo
encarcelado tras barrotes,
o la celda de cada día
y cada noche de esta tierra
que deriva acantilados,
abismos y Apocalipsis.
Infiernos bíblicos del yo,
del yo de cada uno inhalado
y arrojado al último precipicio,
sima abisal y cuna de la agrafia.
Decido entonces escribir con huesos
y usar la sangre que me va dejando
el avance en lo agreste de la vida
como letra legible ante mi muerte.