Marla
Poeta fiel al portal
¡Qué sordera la de los ojos!
cuando escuchan clarear la piel tersa
del agua
e ignoran el quejido de su voz bacteriana
sus criaturas de lumbre
el peso
de su pecio de olvidos
¡Los oídos
qué ciegos
al llanto de las piedras!
Por eso he venido a voltearme la mirada
por eso me alimenta
este buceo en las entrañas del grito
esta fatiga de víbora
castrada por su lengua famélica
que rebusca en contenedores de humo
los restos fósiles de un pájaro engullido
por la noche arterial
Vengo a encontrar una aguja de luz
entre los humedales del olvido
algo que me cosa a su gracia
en la hora
en que todos los relojes liberen al averno
las manecillas del rencor
y crezca bajo los avisperos
una palabra blanca para ser pronunciada
a pleno pulmón
en la raíz de la pureza.
cuando escuchan clarear la piel tersa
del agua
e ignoran el quejido de su voz bacteriana
sus criaturas de lumbre
el peso
de su pecio de olvidos
¡Los oídos
qué ciegos
al llanto de las piedras!
Por eso he venido a voltearme la mirada
por eso me alimenta
este buceo en las entrañas del grito
esta fatiga de víbora
castrada por su lengua famélica
que rebusca en contenedores de humo
los restos fósiles de un pájaro engullido
por la noche arterial
Vengo a encontrar una aguja de luz
entre los humedales del olvido
algo que me cosa a su gracia
en la hora
en que todos los relojes liberen al averno
las manecillas del rencor
y crezca bajo los avisperos
una palabra blanca para ser pronunciada
a pleno pulmón
en la raíz de la pureza.
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