José Monnin elpoeta
Poeta recién llegado
AGUA SOLITARIA
Corría por mi cuerpo aquella
agua solitaria, sedienta por
saciar su afán en mi pecho,
conmoviendo la necesidad de
un si ligero, el invisible
suspiro calló la desventurada
piezas de caricias grabadas
en sábanas ajenas, el sudor
sorprendido por aquella
agua solitaria, de no brillar
con un rayo del sol,
despelucho la noticia de no
callar jamás la canción de
seducción tras un corazón
amarillento por tu amor
Mis huellas disparaban
esperanzas en tu piel,
mi recuerdo visita la llave
de tu ser, el agua en mi
cuerpo ahogan mi sudor
rencoroso por no saber
perdonar la tragedia de
un beso extraviado que
se negó en salir de mis
labios solitarios, sola va
aquella sombra sin
testigos de luciérnagas,
arrastrando la sílaba de
un te quiero
Aquella sensación de tormenta
en mi pecho mató la locura de
noches radiantes bajo un puente
de sueños espirítuales de unir
un corazón al otro, mientras
las sandalias hundidas en el
abismo de seguir prediciendo tu llegada,
como aquella agua solitaria,
sedienta de saciar su afán,
de mojar alegrías a mis días como
aquel sudor rencoroso de no
olvidar el beso equivocado,
que despertó la angustia del
egoísmo en mi pecho triste que
llaman por tus manos de seda,
en este recuerdo de mis noches,
de agua solitaria.
Autor: José Monnin elpoeta
Derechos reservados.
Limpio-Paraguay
Corría por mi cuerpo aquella
agua solitaria, sedienta por
saciar su afán en mi pecho,
conmoviendo la necesidad de
un si ligero, el invisible
suspiro calló la desventurada
piezas de caricias grabadas
en sábanas ajenas, el sudor
sorprendido por aquella
agua solitaria, de no brillar
con un rayo del sol,
despelucho la noticia de no
callar jamás la canción de
seducción tras un corazón
amarillento por tu amor
Mis huellas disparaban
esperanzas en tu piel,
mi recuerdo visita la llave
de tu ser, el agua en mi
cuerpo ahogan mi sudor
rencoroso por no saber
perdonar la tragedia de
un beso extraviado que
se negó en salir de mis
labios solitarios, sola va
aquella sombra sin
testigos de luciérnagas,
arrastrando la sílaba de
un te quiero
Aquella sensación de tormenta
en mi pecho mató la locura de
noches radiantes bajo un puente
de sueños espirítuales de unir
un corazón al otro, mientras
las sandalias hundidas en el
abismo de seguir prediciendo tu llegada,
como aquella agua solitaria,
sedienta de saciar su afán,
de mojar alegrías a mis días como
aquel sudor rencoroso de no
olvidar el beso equivocado,
que despertó la angustia del
egoísmo en mi pecho triste que
llaman por tus manos de seda,
en este recuerdo de mis noches,
de agua solitaria.
Autor: José Monnin elpoeta
Derechos reservados.
Limpio-Paraguay