El sol ardiente colma tu cólera solapada con hiel despechada. De damisela furibunda pero perdidamente enamorada. Las noches eternas son para fraguar, en el recinto alquimista, el homúnculo de la sinceridad e inocencia. Ya los titanes desmenbran tu corazón contrariado. Y una carcajada áurea contamina tu espíritu desasosegado. Oh ! Afrodita Lacerada. Pétalos de nácar. Envueltos en atmósfera demoníaca roban tus lujuriosos sueños. Y te hunden en la alcoba de comensales intemperantes. Ya aprenderás la lección divina. Oh ! Damisela petrificada. Es hora ya de asestarte el dardo cupidico. En las entrañas de persona non grata. Para que sufras insidiosa mente. Y así relampageen en tus ojos de buey la tetraletargia eterna de una vida de amor traicionado.