DIEGO
Poeta adicto al portal
Sobrevive, estúpido. Olvídate de Nietzsche, de Tarkowsky, de Caravaggio y de Rimbaud. Has venido a corregir faltas ortográficas, ese es tu don. Deja ya de hurgar en lo vacío, ponte los zapatos, mójate la cara, súbete al colectivo. Dos enfermeras, tres obreros, un albañil, la secretaria se ha vuelto a peinar con fleco, el niño carga su mochila de treinta kilos, un empleado cabecea contra la ventanilla, los ancianos huelen a orines secos y el amanecer llega antes que el sol. Nada tiene sentido y está bien, nunca lo ha tenido. Así que haz lo que tengas que hacer; tómate tu tiempo, tómalo sin azúcar, caliente, bien cargado.
Dí como Fito, buen día Lexotanil, buen día señora, buen día doctor. Y pensar que antes el lunes era domingo, no ayuda a que el tiempo pase rápido. El tiempo, ese tirano. Evita hablar de tu pasado, a nadie le interesa. Y nunca digas lo que sabes: no sabes nada. Comienza y no pares; de cualquier forma nunca vas a terminar. Lo demás es algo que tú no eliges, está fuera de tu reloj. Sacúdete el deseo, la nostalgia; tira esos pantalones de tenis a la basura, vigila tu colesterol. Estás en edad de borrar todo el cuaderno. Mejor aún, estás en edad de prenderlo fuego. Ve pensando en un nombre nuevo, en un departamento solo, en ese corte de pelo que tanto dices odiar. Te harán falta pantalones, billetera y teléfono celular. Por ahora, muévete; gasta tus ojos, usa más las piernas y menos el cerebro.
Dí como Fito, buen día Lexotanil, buen día señora, buen día doctor. Y pensar que antes el lunes era domingo, no ayuda a que el tiempo pase rápido. El tiempo, ese tirano. Evita hablar de tu pasado, a nadie le interesa. Y nunca digas lo que sabes: no sabes nada. Comienza y no pares; de cualquier forma nunca vas a terminar. Lo demás es algo que tú no eliges, está fuera de tu reloj. Sacúdete el deseo, la nostalgia; tira esos pantalones de tenis a la basura, vigila tu colesterol. Estás en edad de borrar todo el cuaderno. Mejor aún, estás en edad de prenderlo fuego. Ve pensando en un nombre nuevo, en un departamento solo, en ese corte de pelo que tanto dices odiar. Te harán falta pantalones, billetera y teléfono celular. Por ahora, muévete; gasta tus ojos, usa más las piernas y menos el cerebro.