luz gento
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Adiós Serafín!
¡Cómo le gusta comer
a mi perro Comilón!
Tanto le da el alimento
que los guisos o el arroz.
Y a pesar de haber comido,
nunca rechaza un jamón,
un hueso, unas salchichas
o, del fiambre, un cordón.
Siempre alerta a un pajarito,
-no importa si ya cenó-
una paloma, un bichito,
lagartija, ¡qué se yo!
Si se arrastra, corre o vuela,
siempre resulta atractivo,
y lo persigue incansable
hasta llevarlo al hocico.
Mas un día cierto sapo
se mudó a mi jardín.
Lo recorre cada noche
buscando darse un festín.
Comilón emocionado
del sapo quiere dar cuenta
y lo sigue entusiasmado
salto a salto en la foresta.
El sapo no muy contento,
cansado de tanto acoso,
muy pronto lo desanima
con su veneno apestoso.
¡Qué dolor!, ¡Vaya desgracia!
¡que llamen a la ambulancia!
Arcadas, retortijones,
¡vomita hasta los riñones!
Pero nunca Comilón
aprende a la primera
y cada noche lo sigue
y termina en vomitera.
Finalmente aprende el perro,
pasadas ya dos semanas,
que el sapo, por ser honesto,
suele ser muy indigesto…
y ya comparten jardín,
perro y sapo muy contentos.
Le dice -¡Adiós Serafín!
Siempre mirando de lejos.
¡Cómo le gusta comer
a mi perro Comilón!
Tanto le da el alimento
que los guisos o el arroz.
Y a pesar de haber comido,
nunca rechaza un jamón,
un hueso, unas salchichas
o, del fiambre, un cordón.
Siempre alerta a un pajarito,
-no importa si ya cenó-
una paloma, un bichito,
lagartija, ¡qué se yo!
Si se arrastra, corre o vuela,
siempre resulta atractivo,
y lo persigue incansable
hasta llevarlo al hocico.
Mas un día cierto sapo
se mudó a mi jardín.
Lo recorre cada noche
buscando darse un festín.
Comilón emocionado
del sapo quiere dar cuenta
y lo sigue entusiasmado
salto a salto en la foresta.
El sapo no muy contento,
cansado de tanto acoso,
muy pronto lo desanima
con su veneno apestoso.
¡Qué dolor!, ¡Vaya desgracia!
¡que llamen a la ambulancia!
Arcadas, retortijones,
¡vomita hasta los riñones!
Pero nunca Comilón
aprende a la primera
y cada noche lo sigue
y termina en vomitera.
Finalmente aprende el perro,
pasadas ya dos semanas,
que el sapo, por ser honesto,
suele ser muy indigesto…
y ya comparten jardín,
perro y sapo muy contentos.
Le dice -¡Adiós Serafín!
Siempre mirando de lejos.