Mayca
ES EL MOMENTO DE DESPERTAR A LA ESPIRITUALIDAD
Posiblemente llegue el invierno y aún no se descongele el organismo de esas inquietudes intensas que te sorprenden en mitad de la noche, sales al paso con un suspiro, intentando encontrar el motivo de tu desesperada impaciencia, compruebas que todo resulta más cómodo cuando poco a poco resuelves las incógnitas que te traen la vida.
Te ahogas con el tremendo caos que te está llevando hacia el destino, aunque tampoco entiendes a donde quiere llegar con la revoltura que te ofrece el día a día. Intentas razonar porque tus sentimientos siempre están a flor de piel, sientes que un simple contacto con otro ser, te causa ese rubor que emulsiona todo tu interior, analizando que sólo estás al borde de desintegrarte en pequeñas moléculas.
En realidad deseamos anteponer nuestra felicidad, limitar los sentimientos, entristeciendo los impulsos, al final, pasa la vida y seguimos añorando el pasado, cuando nuestras vibraciones eran intensas y espontáneamente salían al exterior con total pureza sin ningún tipo de tapujo importando poco la consecuencia.
Intentas encontrar la serenidad que tu mente necesita porque es cuando llega en forma de dulzura, cuando tus ánimos empiezan a tomar en pequeñas cantidades ese gusanillo de vivir intensamente cada minuto de tu existencia. Es placentero el poder respirar oxígeno puro, darle ese gozo de plenitud al bien agobiado cerebro, dejándole liberar sus alocadas neuronas que saltando de un lado a otro, no saben donde acabar su ajetreado movimiento. Sólo acaba con la tortura, dejando entrar la luz, disfruta del presente, que la vida se nos va y ya no vuelve.
Te ahogas con el tremendo caos que te está llevando hacia el destino, aunque tampoco entiendes a donde quiere llegar con la revoltura que te ofrece el día a día. Intentas razonar porque tus sentimientos siempre están a flor de piel, sientes que un simple contacto con otro ser, te causa ese rubor que emulsiona todo tu interior, analizando que sólo estás al borde de desintegrarte en pequeñas moléculas.
En realidad deseamos anteponer nuestra felicidad, limitar los sentimientos, entristeciendo los impulsos, al final, pasa la vida y seguimos añorando el pasado, cuando nuestras vibraciones eran intensas y espontáneamente salían al exterior con total pureza sin ningún tipo de tapujo importando poco la consecuencia.
Intentas encontrar la serenidad que tu mente necesita porque es cuando llega en forma de dulzura, cuando tus ánimos empiezan a tomar en pequeñas cantidades ese gusanillo de vivir intensamente cada minuto de tu existencia. Es placentero el poder respirar oxígeno puro, darle ese gozo de plenitud al bien agobiado cerebro, dejándole liberar sus alocadas neuronas que saltando de un lado a otro, no saben donde acabar su ajetreado movimiento. Sólo acaba con la tortura, dejando entrar la luz, disfruta del presente, que la vida se nos va y ya no vuelve.
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