MiguelEsteban
ÚNICO
Centellea mi luz interior
en el prisma lejano, oscuro,
de nuestro conocimiento
sueno en la ausencia del sonido
veo donde mis ojos estáticos
dejaron de verse
y la mirada eterna, flagrante
del segundo hundido
en su calma que ama
quedó sin nombre, sin sangre,
sin trance, sin alarde,
sin verte, sin verte, sin verte.
Y el ser se miente,
busca su horizonte,
su esencia infinita que arde,
es del frío soledad de hierro
y savia de flor creada,
donde la rabia llegó
el murciélago ni se inmutó.
Segundo muerto por ser invento,
Alimentando el jardín
del tiempo difunto,
resplandor de auroras
en los confines que me llevan
a verte, yo sin ojos
sin cuerpo, sin maldad ni cerrojos,
sin venas ni rojo yerto que fluye
por arterias de ángeles estrellados
en estrellas de su inexistencia
real, intangible, inspiración
verso con alma sin dolor
tu existir en la boca de aquella estrella,
esa que fue luciérnaga
de cueva llamada noche,
mientras yo estaba imaginándote
en tu misterio de nuestro amanecer,
aquel que nunca se dio
ni siquiera nuestra imaginación nos pensó
ni a nuestros labios voló,
únicamente afluente
de río inexistente
ese de las flores desangradas
que tu carne creó.
Mi mundo distorsionado
se volvió eje etéreo de nuestro
elevado misterio
que descubierto no es
ni sílaba ni verbo ni semejante
expresión de conocido
esqueleto y alas de la fuente
de nuestro deseo
ese que me mantiene
y nos mantiene
sin sabernos.
Sin ser idea ni secuencia
ni identidad ni poesía.
Un simple sentimiento
sin concepto.
Un todo y un nada
solamente eso.
El Castellano y Leannán-Sídhe