Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Es esta la hora en que todo se disuelve,
en que las manos buscan algo que ya no está,
como si la ausencia tuviera el peso
de lo que nunca fue pero duele igual.
Caminamos en silencio,
porque las palabras sobran cuando el eco es ciego,
cuando lo que fuimos se pierde en la niebla
y solo queda este abismo que huele a pasado.
El mundo se deshilacha en gestos olvidados,
en miradas que ya no se encuentran,
y me pregunto si alguna vez fuimos
o si todo esto fue un sueño que se cansó de sí mismo.
Tú, que fuiste lo que llenaba el espacio,
ahora eres sombra,
una sombra que no sé si seguir
o dejar que se hunda en el olvido.
Y yo, mientras tanto,
me quedo aquí,
al borde de este precipicio
que lleva tu nombre,
sin saber si debo saltar
o seguir fingiendo que aún queda suelo bajo mis pies.
en que las manos buscan algo que ya no está,
como si la ausencia tuviera el peso
de lo que nunca fue pero duele igual.
Caminamos en silencio,
porque las palabras sobran cuando el eco es ciego,
cuando lo que fuimos se pierde en la niebla
y solo queda este abismo que huele a pasado.
El mundo se deshilacha en gestos olvidados,
en miradas que ya no se encuentran,
y me pregunto si alguna vez fuimos
o si todo esto fue un sueño que se cansó de sí mismo.
Tú, que fuiste lo que llenaba el espacio,
ahora eres sombra,
una sombra que no sé si seguir
o dejar que se hunda en el olvido.
Y yo, mientras tanto,
me quedo aquí,
al borde de este precipicio
que lleva tu nombre,
sin saber si debo saltar
o seguir fingiendo que aún queda suelo bajo mis pies.