XANA
Poeta fiel al portal
A veces, como muñecos de trapo
aprendiendo el silabario, tropezamos
y, en ese traspiés, nos sentimos niños
al borde de la fatiga de la tarde
cuando al día ya no le cabe la esperanza.
Y, entonces, nos acuclillamos para
urdir a solas esos tibios recuerdos,
recién nacidos en vísperas de gloria,
para suspirar con cada verso que amanece
entre la abrumadora espuma de las horas,
para imaginarnos esos sueños sin puerto
que, dormidos, en nuestro delirio, no atrapamos.
Trazamos el amor entre las líneas
de las manos, en el desnudo pudor
que, con cada gesto, nos invade,
en la ternura, aún bisoña, aprende
la caricia en el camino hacia la piel
que luego, centelleante, enciende.
Nos amarramos a distancias sin destino,
navegamos, en una sola noche, la aridez
de los años perdidos, en el boca a boca
nos escuchamos creando universos
al trasluz de la palabra, mientras en un cielo,
más próximo que lejano, se remansa el amor.
A veces, somos como irredentos suicidas
que buscaran en cada anochecer el alba.
aprendiendo el silabario, tropezamos
y, en ese traspiés, nos sentimos niños
al borde de la fatiga de la tarde
cuando al día ya no le cabe la esperanza.
Y, entonces, nos acuclillamos para
urdir a solas esos tibios recuerdos,
recién nacidos en vísperas de gloria,
para suspirar con cada verso que amanece
entre la abrumadora espuma de las horas,
para imaginarnos esos sueños sin puerto
que, dormidos, en nuestro delirio, no atrapamos.
Trazamos el amor entre las líneas
de las manos, en el desnudo pudor
que, con cada gesto, nos invade,
en la ternura, aún bisoña, aprende
la caricia en el camino hacia la piel
que luego, centelleante, enciende.
Nos amarramos a distancias sin destino,
navegamos, en una sola noche, la aridez
de los años perdidos, en el boca a boca
nos escuchamos creando universos
al trasluz de la palabra, mientras en un cielo,
más próximo que lejano, se remansa el amor.
A veces, somos como irredentos suicidas
que buscaran en cada anochecer el alba.