errante xilos
Poeta recién llegado
Mis penas humedecen la acción
mi verbo se entumece ante la voz,
ante la oscuridad vociferante,
ante la espesa niebla,
ante el viento fuerte,
ante la calma...
reservada en mi espalda.
Las gotas de lluvia lavan el rencor,
mis pies se pierden en la densidad de lo promisorio,
mis palabras se quedan en la cueva,
en ese hueco infinito;
entre la culpa y el destierro.
Mis manos atraviesan el tiempo,
se abren al futuro,
ya no percibo la silueta del miedo
agazaparse en mi memoria,
solo siento el calor del recuerdo,
el vislumbre de una mañana azulada,
la sombra verdosa de un árbol inequívoco,
la esperanza de un golpe fuerte,
un choque de vida,
como vitalidad en cascada.
Soy en el medio de la eternidad
un ser a punto de despertar,
una sombra en medio del calor,
un poco de miel en la amarga edad.
Cierro mis manos mirando de reojo,
tragando saliva,
usando el segundo como una llave
en una puerta con un cerrojo enorme,
y suspiro repitiéndome:
¡Aún hay tiempo!
Aún somos de verdad.
mi verbo se entumece ante la voz,
ante la oscuridad vociferante,
ante la espesa niebla,
ante el viento fuerte,
ante la calma...
reservada en mi espalda.
Las gotas de lluvia lavan el rencor,
mis pies se pierden en la densidad de lo promisorio,
mis palabras se quedan en la cueva,
en ese hueco infinito;
entre la culpa y el destierro.
Mis manos atraviesan el tiempo,
se abren al futuro,
ya no percibo la silueta del miedo
agazaparse en mi memoria,
solo siento el calor del recuerdo,
el vislumbre de una mañana azulada,
la sombra verdosa de un árbol inequívoco,
la esperanza de un golpe fuerte,
un choque de vida,
como vitalidad en cascada.
Soy en el medio de la eternidad
un ser a punto de despertar,
una sombra en medio del calor,
un poco de miel en la amarga edad.
Cierro mis manos mirando de reojo,
tragando saliva,
usando el segundo como una llave
en una puerta con un cerrojo enorme,
y suspiro repitiéndome:
¡Aún hay tiempo!
Aún somos de verdad.