chapirulo
Poeta recién llegado
A tu silencio
Te mostré mi deseo
como quien abre el pecho en mitad del invierno,
sin abrigo, sin escudo,
con la esperanza de que tus manos
fueran fuego y no hielo.
Te hablé con la lengua del alma,
con la carne temblando de amor y de hambre,
te ofrecí mi voz,
mi sed,
mi nombre escrito en tu vientre,
y tú…
callaste.
No hubo un “no”,
ni un “tal vez”,
ni siquiera un “me duele”.
Solo el silencio,
ese dios que no responde
pero todo lo ve.
Y aquí estoy,
con las manos vacías
y el corazón lleno de palabras que no llegaron.
No me arrepiento.
No me avergüenzo.
Amarte fue mi forma de existir.
Pero duele.
Duele que ignores lo que fue verdad en mí,
que pases de largo como si nunca
hubiera rozado tu alma con la mía.
Yo no pedía que me amaras,
solo que me miraras.
Que reconocieras en mis versos
la ofrenda que te dejé
como quien deja pan en la puerta de un templo
y se marcha sin esperar milagros.
Ahora lo sé:
no todos los silencios son paz.
Algunos son cuchillos.
Y el tuyo,
el tuyo me ha abierto en canal.
Pero aún así,
si alguna vez te falta el aire
y recuerdas mis palabras como un susurro lejano,
sabrás que fui yo.
El que te amó sin condiciones,
el que te deseó sin cadenas,
el que te esperó sin promesas.
Y aunque nunca respondas,
aunque tu silencio sea eterno,
yo ya te escribí.
Y eso, amor,
es para siempre.
ecm 28 -12 - 2025
Te mostré mi deseo
como quien abre el pecho en mitad del invierno,
sin abrigo, sin escudo,
con la esperanza de que tus manos
fueran fuego y no hielo.
Te hablé con la lengua del alma,
con la carne temblando de amor y de hambre,
te ofrecí mi voz,
mi sed,
mi nombre escrito en tu vientre,
y tú…
callaste.
No hubo un “no”,
ni un “tal vez”,
ni siquiera un “me duele”.
Solo el silencio,
ese dios que no responde
pero todo lo ve.
Y aquí estoy,
con las manos vacías
y el corazón lleno de palabras que no llegaron.
No me arrepiento.
No me avergüenzo.
Amarte fue mi forma de existir.
Pero duele.
Duele que ignores lo que fue verdad en mí,
que pases de largo como si nunca
hubiera rozado tu alma con la mía.
Yo no pedía que me amaras,
solo que me miraras.
Que reconocieras en mis versos
la ofrenda que te dejé
como quien deja pan en la puerta de un templo
y se marcha sin esperar milagros.
Ahora lo sé:
no todos los silencios son paz.
Algunos son cuchillos.
Y el tuyo,
el tuyo me ha abierto en canal.
Pero aún así,
si alguna vez te falta el aire
y recuerdas mis palabras como un susurro lejano,
sabrás que fui yo.
El que te amó sin condiciones,
el que te deseó sin cadenas,
el que te esperó sin promesas.
Y aunque nunca respondas,
aunque tu silencio sea eterno,
yo ya te escribí.
Y eso, amor,
es para siempre.
ecm 28 -12 - 2025