abandes
Poeta recién llegado
Embuste de inocentes,
piadosa diversión,
de rentas y seguros
papeles en acción.
Simulados,
bien representados,
ante el miedo, la evasión,
deambulamos ofuscados,
entregados y enterrados,
por la ruta del Señor.
Cual día inesperado,
en el albur de los dados
que en el Libro bien plasmados,
y se acaba la función.
Así es la vida,
como
una colección de suspiros,
entre sístoles
y diástoles
y soplos de pasión,
deambulamos confundidos,
agotados,
apagados,
marchitados,
de presencia y de sazón,
aplazando aquellos dados
con pomposa presunción,
retratados y engalanados
en atavíos de indiferencia
ante el Gran Circo
que pobló nuestra existencia.
¿O no era acaso de inocencia
que pecaba el pescador?
¿Y a qué sabe un suspiro?
Pregunta el joven trovador,
de esos que retratan ardores,
los recados cabrones de esta hermosa producción.
Los suspiros los devuelven los ladrones
y los roba el corazón.
Tras perfumes que van dibujando rostros,
figuras, y añejos sentimientos
un compás de desalientos,
un fracaso, un adiós.
Colores que se han borrado a la imaginación,
promesas con acta de defunción,
a lo efímero sabe el suspiro
hasta luego
¿Y qué pasó?
Cierto es
que en este breve trayecto,
bajo acordes de estrellas
pintadas en el firmamento,
por instantes naufragaremos
y vencidos
posaremos en la isla,
victimas del fierro
y el ardor de un sol
que empuñando su venganza:
Crueles suspiros
arsenal del corazón.
Pero cierto es,
además,
que a veces,
navegando rumbo Norte,
con la vista al horizonte
a buen puerto atracaremos
degustando la emoción
el Edén en nuestra faz.
Nuevamente
un suspiro conjuramos,
bienvenida sea la paz.
Entre vidas y suspiros
se disputan la bandera:
¿el instante más veloz?
¿Y a que sabe un suspiro?
Pregunta el viejo trovador.
La vida sabe a suspiro
y solo un suspiro,
es lo que dura ese sabor.
piadosa diversión,
de rentas y seguros
papeles en acción.
Simulados,
bien representados,
ante el miedo, la evasión,
deambulamos ofuscados,
entregados y enterrados,
por la ruta del Señor.
Cual día inesperado,
en el albur de los dados
que en el Libro bien plasmados,
y se acaba la función.
Así es la vida,
como
una colección de suspiros,
entre sístoles
y diástoles
y soplos de pasión,
deambulamos confundidos,
agotados,
apagados,
marchitados,
de presencia y de sazón,
aplazando aquellos dados
con pomposa presunción,
retratados y engalanados
en atavíos de indiferencia
ante el Gran Circo
que pobló nuestra existencia.
¿O no era acaso de inocencia
que pecaba el pescador?
¿Y a qué sabe un suspiro?
Pregunta el joven trovador,
de esos que retratan ardores,
los recados cabrones de esta hermosa producción.
Los suspiros los devuelven los ladrones
y los roba el corazón.
Tras perfumes que van dibujando rostros,
figuras, y añejos sentimientos
un compás de desalientos,
un fracaso, un adiós.
Colores que se han borrado a la imaginación,
promesas con acta de defunción,
a lo efímero sabe el suspiro
hasta luego
¿Y qué pasó?
Cierto es
que en este breve trayecto,
bajo acordes de estrellas
pintadas en el firmamento,
por instantes naufragaremos
y vencidos
posaremos en la isla,
victimas del fierro
y el ardor de un sol
que empuñando su venganza:
Crueles suspiros
arsenal del corazón.
Pero cierto es,
además,
que a veces,
navegando rumbo Norte,
con la vista al horizonte
a buen puerto atracaremos
degustando la emoción
el Edén en nuestra faz.
Nuevamente
un suspiro conjuramos,
bienvenida sea la paz.
Entre vidas y suspiros
se disputan la bandera:
¿el instante más veloz?
¿Y a que sabe un suspiro?
Pregunta el viejo trovador.
La vida sabe a suspiro
y solo un suspiro,
es lo que dura ese sabor.