Aquí, con la arena vibrando en mis pies,
viendo el mar, al fin, escuché su latir;
apenas arribo y ya debo partir
¡Mi Dios! Acurruca mi alma otra vez.
Naufragué, lo sé, por la azul soledad
apenas mojando mi suave palmo
del océano salado y calmo,
anclado a su incierta y cómoda crueldad
que uñas devora. Y así, la playa,
la brisa, sus rocas, a donde vaya
a parar, me obsequiarán su obscuridad.
Entonces mi sombra bien encantada,
sintiendo la tarde y olas sin edad,
dirá que fue, igual, acariciada.
viendo el mar, al fin, escuché su latir;
apenas arribo y ya debo partir
¡Mi Dios! Acurruca mi alma otra vez.
Naufragué, lo sé, por la azul soledad
apenas mojando mi suave palmo
del océano salado y calmo,
anclado a su incierta y cómoda crueldad
que uñas devora. Y así, la playa,
la brisa, sus rocas, a donde vaya
a parar, me obsequiarán su obscuridad.
Entonces mi sombra bien encantada,
sintiendo la tarde y olas sin edad,
dirá que fue, igual, acariciada.
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