Javier Alánzuri
Poeta que considera el portal su segunda casa
Doña Pata
tropezó,
se torció
una pata
y exclamó...
¡qué mala pata!
Un pato
que la vio,
le dijo...
¡qué espanto,
querida,
vaya herida!
Con su otra pata,
en el huerto,
Doña Pata
se puso a saltar
mientras gritaba
cua, cua, cua…
(pobrecilla,
pensaréis,
pero no es cierto,
ya lo veréis)
…porque unos niños
que pasaban
la vieron
como botaba
y se pusieron
con ella a jugar.
La imitaron
dando saltos
con una pierna
y hasta el pato,
que era un pelma,
lo hizo durante
bastante rato.
Doña pata
ya no estaba
dolorida
pero fingía…
…y saltando
con los demás
lo pasaba
de maravilla.
Desde el pueblo,
se escuchaba
tal algarabía
que niños y niñas,
mozos y mozas,
varios abuelos
con sus boinas
y, por supuesto
algunas señoras,
se acercaron
hasta el huerto
y todos saltaron
“a la pata coja”….
…incluso el alcalde,
sin su corbata,
estuvo jugando
toda la tarde
con Doña Pata.
Y ella, muy contenta,
a unos y otros decía…
… ¡menuda fiesta!,
¡qué divertida!,
es el mejor día
de mi vida.
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