Nos vamos en la madrugada,
En la inmensa noche
Envuelta en luto,
Cual las negras alas
De un cuervo asesinado,
Perdido en la penumbra,
Quieta sombra,
Vestigio de su andar disimulado,
Incomprendida oscuridad,
Pasión voraz,
Que lo domina
Y que lo olvida
Bajo la blanca luna
Intemporal.
Pues somos
Como el viento de partida,
Como el pájaro nocturno
Que su vuelo olvida
Al expirar su vida,
Vacío de un silencio rotundo,
Ensueño taciturno,
Enamorado de su propio fin
Arrojándose al Confín
De la etérea voracidad
Al abrupto foso sin final.
Quedando tumefactos
Ante el decidido acto
Lloramos nuestra muerte,
Desangramos nuestra suerte
De vejar nuestros sentidos,
Despidiéndonos sin despido,
Estrechados,
Como tiernas criaturas indefensas
A la bajeza del mundo,
A la austeridad del tiempo.
Así nos vamos,
Como el aura tenue de un ocaso,
Partimos amando,
Partiendo nuestras venas
Extirpando nuestras penas,
Conjugados en el triste verbo
Que nos une
En este infierno.
Apostando nuestra sangre
Al juego del suicidio,
Por que amamos,
Más profundo que el dolor,
Más vertiginoso que cualquier temor.
Tremolas nuestras manos
Ya no temen lo desconocido,
La muerte nos cobija
Con su invierno encantador,
Besamos dulcemente
Nuestros labios fríos,
Bocas sin suspiros,
Ojos ya perdidos.
Y una sola mirada nos encuentra
En la ciega oscuridad,
En el hondo azul de nuestras almas
Arcano atardecer de nuestra vida,
Sigilosa melodía sin compás,
Tocando hasta el final.
Juntamos lo que queda
En nuestro cuerpo y mente,
Somos ya una mole impenetrable
De recuerdos
Que no dejamos ver,
No dejamos volver
Y ya no somos,
Dejamos de existir en este sitio,
Infame recinto
Abovedado por un cielo infinito
Acribillado por estrellas lejanas,
Milenarias,
Astral inmensidad
Que no nos juzga
En nuestra verdad.
Y nos enredamos en un vals,
Aferrados en la umbrosa soledad
Al canto del violín,
Al suspiro del jazmín.
Calido un ardor
Envuelve aquel abrazo,
Lunático el jardín,
Frígidos los cuerpos
De yerto mármol,
Melodioso fin en el silencio,
Edén siniestro,
Eterno,
Amor funesto.
.
...Por él, solo por él,
Decidimos advenir en el rocío
Como un sueño que jamás soñó,
Algo que nunca sucedió.
Juntos vamos
Al recinto de las sombras,
Inmolamos nuestros cuerpos
En la noche calma
A la vista del lucero del alba.
Y te doy lo que aquí dejo,
Agotada lagrima solemne
Que dicta el último verso
Mientras baña mi mejilla inerte
La tristeza sin regreso.
Y dejé escapar el llanto prisionero
Sin pasado, ni futuro,
Pues era el último.
Brotó un sinfín de perlas
Que cegaron mi estéril mundo,
Me dejé llevar por el dolor,
Acabé en aquel instante con el pavor
A la vida inútil,
Escapé amando
Hacia la vorágine negrura,
Sollozando enamorado.
Te di mi esencia,
Te di la sangre precipitada
De mis venas,
Te regale hasta el último
Suspiro de existencia.
Y tu alma,
Acompasó la mía
De la mano,
Como nunca antes,
Como jamás podrá sentir de nuevo.