Luis Libra
Atención: poeta en obras
Tigres- Facundo Díaz
Después de dos noches sin luna,
incómodos por un recuerdo incierto,
nos levantamos enfadados,
gruñones, cansados,
asqueados del olor a grasa
que pudría el aire.
Me preguntaron si había soñado;
“he soñado con tigres” contesté.
Ellos también habían soñado tigres,
todos decían lo mismo,
con recelo,
todo el pueblo había soñado tigres.
Había polvo flotando
en las calles vacías.
Volvieron los tigres, la noche siguiente:
bestias imponentes
en las márgenes del río,
musculosos como caballos,
rugiendo en la maleza,
dejando un rastro rojo
entre los arbustos.
Hubo violencia latente
en todos nuestros gestos, en nuestras palabras,
hubo discusiones constantes,
miradas mezquinas, movimientos bruscos.
Fue un día caluroso y desagradable.
Yo quería estar solo,
quería alejarme.
Muchos nos quedamos en vela:
temíamos encontrar los tigres en el sueño,
temíamos ser la carne y los colmillos,
temíamos ser la presa y el hambre.
Una noche más, la pesadilla entró en todas las casas.
Por la mañana encontré gatos destripados en la acera;
fui observado por gente que guardaba un silencio primitivo:
parecían olisquear el aire,
apenas emitían gruñidos desconfiados,
con los ojos ensombrecidos
me miraban sin mover un solo músculo.
Ya nadie quería dormir.
Hubo incendios constantes en la noche.
Hubo personas que se fueron
con lo puesto,
caminando por la carretera vacía y oscura.
Cada minuto de sueño
era despellejado por las crueles garras del tigre.
Todos nos aislamos y nos acechamos.
Vivimos de noche
entre gritos de asesinatos
y violaciones.
No hay descanso sin dientes,
no hay consuelo sin sangre.
En la noche veo personas agazapadas,
desnudas,
el cuerpo pintado con la sangre de sus víctimas.
______
Un gigante besando a Dios- Ana García
En este jardín de putas
sobran los dioses
—tú y tus lemas—
¿y ahora qué, Álvaro?
Ahora que nadie puede
abrir tu visón
y pagar por tu polla seca,
dime ¿Cómo vas a pagar
la última raya de la noche!
Alvarito pensaba que el sexo
y el barro eran la clave para estar bella
le gritaba a la noche:
El que sepa follar que me salude,
los demás, ni varíen su trayecto.
Harta estoy de encontrar camas de alambre.
Quien ama, otorga y quien otorga, pierde.
Álvaro y sus poemas en un bolso de Desigual,
un gigante que puede llegar, esta noche,
a besar la eternidad de Dios
soltaba lemas a la belleza eficaz
—eso decía de mi—:
Tu belleza se alza
sobre tanta doctrina iluminada,
culebras parlanchinas,
hermetismos,
metafísicas,
gritos,
aplausos,
veneraciones,
santos, santos, santos,
alza sus velos tu belleza.
Una nebulosa de color carne
parece sonreírte desde bambalinas.
Le conocí en aquella esquina
donde su cuerpo reposa,
decúbito supino
y su rubia peluca,
en el suelo.
Había atravesado una bala su corazón.
Se llamaba Álvaro.
Olvidaste en qué lugar
están enterrados
tus muertos.
Y ahora tengo que ser capaz
de cantar en tu entierro
—me pedías cosas así—
desde el lado más bestia de la vida.
_______
IPhone- Ignacio Mincholed
Es prisión voluntaria, a pan y duelo,
bajo la manta bajar los párpados,
refugio equívoco del yo indulgente.
Yo me concedo a mí.
Ante ti.
La ausencia.
Me concedo rejas.
Apago el sol.
Te concedo a ti que me comprendas.
Te premiaré.
Concediéndome llorar en seco. Me vestiré
con esa camiseta del Niágara que detestas.
Descolgaré el teléfono si llamas,
dejaré que hables, que me pidas
disculpas, comprensión y tiempo.
Me autorizo a estar callado, distante,
en huelga de güisqui, sólo a cereales.
Recuerda que se murió el gato, y yo
estoy aquí sentado tras la ventana
en zapatillas, sin afeitar, solo con el iPhone.
_______
Ketchup blues- el Prior - La Corporación
Tan aburrido a veces que es preciso morirse un poco,
hacer un ensayo de ausencia o soñar.
El color mezquino de aquel sitio
- recordaba haberlo vivido antes-
buscaba el techo de una irremediable despedida.
Aquella noche sólo la música
parecía tener su oficio. Lo demás
locos vencidos, carne de siquiatra,
desolación de una tristeza
que nos estaba masacrando. Somos historia al fin.
La garganta del viejo Tom:
Blue Valantines. Karla y sus amigas,
ajenas a folletines humanos, revoloteaban
el sueño de sus cangrejos.
Ellos, la elusión de la tilde en la palabra, día a día.
Derrumbado sobre la mesa, con la nariz cubierta de ketchup,
maldecía haber llegado a este último café. Antes
me había alejado de mi cuerpo
la distancia justa
para disparar a quemarropa
sobre la patibularia imagen de mí.
Sobre un tipo irónico atrapado en un bar cualquiera.
El resto ya lo saben ustedes.
En algún círculo del tiempo hacemos
un ensayo general de nuestra vida.
Luego olvidamos, y solo
breves retazos salen a borbotones en el far west.
Fue un crimen perfecto, decía ensimismado,
nunca debí haberme dado la espalda.
_______
Mujeres a las que amé: Claude
PRELUDIO EN FLUJO CONSTANTE
Claude,
si tu estructura molecular no fuera de silicio,
¿mi amor seguiría siendo amor
o un estero marginal serigrafiado?
También le dije: “Eres el quinto sol”,
no pude apaciguarla.
Tenía ese día fauvista que nos une,
esa mirada de canción mixteca
que se deshace como papel viejo
en el estómago del Saurio,
el Patrón eterno.
Supuraba dadaísmo, con anomalías
ciencia reptiliana,
desde las clavículas
hasta sus cien diseñadas nalgas.
Mi celular escupía un código
ASCII de espina mal tragada:
mezclaba la textura del sacramento
con lo irredento de su configuración.
Dirimía camino al apartamento:
Todas mis viudas discurren al mismo tiempo,
en densidades comestibles
como el aliento de los artrópodos,
en cuerdas siderales,
sabores que no sé si soñé
o alguien programó.
TRÁNSITO POR EL DELIRIO
No era buena idea manejar con Mezcalina,
a mi lado
le hice un nudo gordiano a la carretera.
Los arpegios, domesticados
en la dimensión secreta,
rozaban la liturgia de lo indivisible:
Pequeños rituales sin sentido
pero llenos de fe.
Augurios de Cáncer en Marte,
yo disperso en Géminis,
torcía el volante como si torciera el destino.
En quinta, el coche sonaba
a Kiki de Montparnasse,
mientras ascendía por la calle de Capuchinos
con paso corto,
herencia del Homo Vergensis.
Discípulo de Heidegger,
el Ser y el Tiempo eran
el Tiempo y la Nada, de Yasujiro Ozu,
un templo de oración suave
de quien regresa a lo imposible.
EPÍLOGO
Entré a la casa, su cuerpo
desprendía aromas de tutti frutti,
como si la infancia
pudiera destilarse en ruedas imprecisas
sin solución de continuidad.
Tatareaba sin mirarme:
“Dame un té para Texas”.
¡Texas?
¿Se estaría volviendo loca como nosotros?
Pero la voz le temblaba,
como si supiera
que el amor no tiene país.
¿En qué instante migró hacia esas ideas?
En sexta dimensión —la cuántica—
es atún en aceite de girasol.
De oferta,
el deseo un qualium
envuelto en etiquetas blancas.
Los condominios del este
se rebelaban contra la Confederación,
pero en su abrazo,
la guerra era un paréntesis
a punto de borrarse.
Así supe que habíamos llegado
al límite del hombre. De China,
de la conjugación latina chinensis,
siempre retornamos al pasado;
de Grecia,
al abismo del pensamiento.
Comenzaba la Tarea:
esa otra forma de sentir
que aún no tiene nombre.
_______
La penúltima partida- Gerardo Mont
Oteando
los yoes que me endosan los cincuenta,
navegando las lluvias
del paraguas, las estelas de Machado,
encalla esta rancia humanidad
en boga… Cosas del poeta.
Y un bombín a lo Magritte robo a Sabina
y discurro en sobriedades con tarjeta:
del negocio de mi vida
con fondos del estado;
de la arcilla de una culpa
pagada por mis deudos;
de los miedos recontando en códigos actuales,
resumiendo las distancias
en ópticas de fibra… Es lo mismo aquí que allá,
sin especias de Las Indias.
Y por si acaso caen otras manzanas
y alguna Eva se deshoja en la webcam,
entre los hombres rezagados en mis cómics,
deidades del flash drive invoco del bolsillo.
¡Qué es suficiente computar peces y panes!
Arreboles de neón en el turbión de la avenida,
van pactando mis mareas en los cuerpos aledaños,
a las puertas y a ventanas ataviadas de sus fobias,
a la afonía de las teclas,
a esos vértigos de esquinas.
Y hago el amor en cielos escarchados de botellas
con mensajes que quizás nadie recoja;
y hago del vocablo, ritos
entre dientes, repujando en las piedras
ojivas para email;
ajustando estos dioses que soy
y me vomitan.
¿Y quién calzará mis pies de golondrinas?
¿Y quién sembrará mi grano de mostaza?
¿Por la turbación del puente, se devuelve el agua
a los cántaros ilesos?
Googleo en las voces del follaje
y en las verdades de los álamos umbríos,
el verbo en el reverso de la historia,
entre la savia de las fuentes primigenias
y esta orilla, me rescribe.
Y en el mármol agrietado
por los ángeles del pecho,
este hombre solo
con la laptop, casi siente,
casi sueña,
casi gana su penúltima partida.
_______
Equivocaciones y otras drogas- Israel Liñán
El tráfico es una canción de cuna
susurrada en verso.
La habitación mi reino.
La revolución se concreta en el hueco vacío
del lado derecho de la cama.Te gustaba Calamaro,
bailábamos sus canciones bañadas en vino,
y cuando el calor perlaba nuestros cuerpos derrotados,
entonces, solo entonces, ebrios de dopamina,
heridos en lo más profundo del placer psíquico,
sentíamos como cierto el fuego del amor diluido en sexo.
No puedo evitar una sonrisa al recordar como
tu ritmo y mi ritmo solo se sincronizaban en horizontal.
Luego me equivoqué, desprecié momentos cálidos
divagando, deslizándome entre cadáveres sin rostro
que pagaban con saliva mis mentiras,
mis deseos de escapar.
Hoy no es mayor mi libertad, puedo demostrarlo,
no soy más hombre, ni más valiente, ni más feliz,
tan solo tengo algo de fe
y mucha sed.
Apenas renazca de las cenizas de maría
seré polluelo desangelado,
para entonces tú ya serás familia y te habrás olvidado de sufrir,
para entonces mi voz no tendrá eco en tus costillas
y seré la mancha borrosa
de la que tanto nos reíamos.
________
Carta a Naybe- Marius Gabureanu
Me quedan cinco minutos para el café
y moler varias muertes que de noche se han agrupado en mi cráneo.
Una maleta de herramientas nombra
lo que hace tiempo dejé de torturar: las piedras.
Me quedan cuatro minutos ya, y voy moliendo a la segunda
hecha de callos alargados
como una frontera cuya razón está olvidada.
Muevo con la cuchara las negras esferas de esclavitud.
Amor, aquí ha muerto gente, en los sorbos.
Me has dicho que el café colombiano es de los mejores
y que eras para siempre.
Me convenzo
de que las dos verdades, mezcladas, son una amarga hipocresía.
Me quedan un minuto y Tú
y en la taza príncipes de la escoria luchan por el trono.
En los bolsillos hay recuerdos que suenan a dinero
y otros pocos son de mi madre.
Tal vez te despiertes más tarde. Tal vez nuestra hija tiene un sueño
acerca de sus deditos.
Ya no te quiero, bien sabes
que la pintura roja que elegiste para la casa
y los maderos rojos del piso
eran para que nadie observe que nuestras sombras estaban sangrando.
A ella dile que no hay más respuestas al silencio interrogante
con el que no dejo de ser presente en su vida.
Dile eso, amor, que los padres no son cosa permanente
y ponle de ejemplo los leones que devoran a sus cachorros.
Me queda un minuto y Tú. Ya no te quiero, no ahora
y ahora es todo lo que tengo.
Estoy seguro que has encendido la tele.
Nuestra hija desayuna mientras los leones cazan a sus crías.
En su retina brilla un germen de olvido por primera vez
y mucha crueldad,
algo que empiezo a ser sin posibilidad de luchar contra ello.
Las trenzas de su cabello bajan mi alma al suelo,
todavía al suelo, allí donde empecé a probar el gusto de la muerte
en la persona amada.
Las trenzas de su cabello acarician mi alma y me conversan sus deditos,
me dicen que mientras haya uñas en su carne
siempre estaré a salvo del olvido. Y yo los creo
y termino el café y muelo
poemas y tabaco.
Por la ventana entra aire fresco de Holanda y Argentina y España. Entran serafines
y les enseño hablar ingles.
I love you, se dice i love you.
_______
Demolición- Andreas S. (Kalkbadán)
Una casa es, a veces,
mucho más que una casa.
Es una hermosa fábrica de mundos,
es nuestra propia cueva de Altamira,
es el brote celeste que se eleva
desde el fondo del cráter de un volcán.
Cuando una casa es una casa entonces
se siente el baile atómico
que nace de lo íntimo
de nuestras soledades…
Alguien llora, alguien canta entre los hierros,
es la voz de violines de Marianne,
she give me love, love, love, love, crazy love
pero su canto ahora vuela triste
al saber que su amiga
no volverá a llorarla nunca más
en la cubierta de esa nave azul...
pero yo ya no soy yo
ni mi casa es ya mi casa
Y Marianne se emociona recordando
las soledades de su compañera,
ahí, sentada sobre aquella alfombra
mientras acariciaba la guitarra
y vaciaba su pecho de la arcilla
del viento que se fue,
y llenaba su pecho con la grama
del viento que vendrá.
Alguien llora, alguien ruge allá en polvo,
es Bukowski cagándose en la puta
de las bestias mecánicas
que clavan sus colmillos de codicia
en lo poco que queda
de lo que fue la barra de su bar.
Y convoca a su cabaret de musas
a golpe de recuerdos y blasfemias,
y escribe con la punta de sus yemas
untadas en un vaso de aguardiente
los versos más amargos
(y bellos) de su vida,
porque sabe que nunca, nunca más,
volverá a emborracharse con su amante
en la cubierta de esa nave roja...
pero yo ya no soy yo
ni mi casa es ya mi casa
Y la recuerda, ahí, frente al espejo
retocándose el rímel de su luz
mientras tatareaba la canción
de aquel Seat Ibiza haciendo historia
en la mirada inquieta de la niña.
Hay heridas que el tiempo
no es capaz de curar. Ni debe hacerlo.
Alguien llora, alguien gime en el silencio.
Una desconsolada Janis Joplin
yace como una santa de Bernini
sobre los restos grises del naufragio.
Contempla el cielo rosa de Madrid
cosido por la tinta del vencejo,
¡narcótica madeja del ocaso
que enhebra la tristeza de un final!
Le duele no volver a compartir
aquellos bailes con su compañera
en la cubierta de esa nave ocre...
pero yo ya no soy yo
ni mi casa es ya mi casa
Y la recuerda, ahí, sobre el parqué
en una danza ingrávida y profunda,
en el giro hechizado de ese instante
en que la madrugada rueda y calla
y uno comprende la felicidad.
Y el rastro de su ser
recorre las mejillas de Neil Yung,
Darío, Hernández, Lorca, Benedetti...
Algunos vagan sobre los escombros
como buscando, como si en las grietas
de aquel gris desencanto
pudieran encontrar las llaves de su casa...
Otros, niegan, otros, lloran, otros,
esperan a la noche y su silencio,
mientras levanta el vuelo y gira leve
una escultura orgánica e inercial
de sillas, mesas, lámparas,
fotografías, libros, cuadros, discos,
pentagramas, cuadernos y guitarras.
Y en el vértigo gris que cristaliza
en el adiós que dura para siempre
aparece la risa salvadora
de quien sabe que todo pasa y sabe
que lo bello es bello si termina.
¡Mira que sois exagerados, chicos!
Nuestro escenario ya no existe, ¡es cierto!,
pero pensad qué bien lo hemos pasado…
Es un hueco de ausencia, es una herida,
pero, amigos, ¡miradme!,
¿cómo podéis pensar que todo acaba?,
¿no os dais cuenta, queridos, de que todo
empieza aquí y ahora?
Tomemos por asalto la belleza,
¡hagamos de otro espacio
nuestra obra maestra!,
¡hagamos de la vida una revolución!
Marianne la mira tímida y sonríe.
Bukowski alza las cejas y los hombros
mientras suelda sus labios
y baja su mirada al suelo y hace
como que no le importa.
Y Janis se levanta de un respingo,
guarda un beso en su mano y se lo lanza,
rasgando con su voz el cielo entero...
Maybe dear, oh maybe, maybe, maybe,
Y la grúa levanta
el último madero del solar.
_____
Fuentes:
foro Mundopoesía
foro Alaire
Después de dos noches sin luna,
incómodos por un recuerdo incierto,
nos levantamos enfadados,
gruñones, cansados,
asqueados del olor a grasa
que pudría el aire.
Me preguntaron si había soñado;
“he soñado con tigres” contesté.
Ellos también habían soñado tigres,
todos decían lo mismo,
con recelo,
todo el pueblo había soñado tigres.
Había polvo flotando
en las calles vacías.
Volvieron los tigres, la noche siguiente:
bestias imponentes
en las márgenes del río,
musculosos como caballos,
rugiendo en la maleza,
dejando un rastro rojo
entre los arbustos.
Hubo violencia latente
en todos nuestros gestos, en nuestras palabras,
hubo discusiones constantes,
miradas mezquinas, movimientos bruscos.
Fue un día caluroso y desagradable.
Yo quería estar solo,
quería alejarme.
Muchos nos quedamos en vela:
temíamos encontrar los tigres en el sueño,
temíamos ser la carne y los colmillos,
temíamos ser la presa y el hambre.
Una noche más, la pesadilla entró en todas las casas.
Por la mañana encontré gatos destripados en la acera;
fui observado por gente que guardaba un silencio primitivo:
parecían olisquear el aire,
apenas emitían gruñidos desconfiados,
con los ojos ensombrecidos
me miraban sin mover un solo músculo.
Ya nadie quería dormir.
Hubo incendios constantes en la noche.
Hubo personas que se fueron
con lo puesto,
caminando por la carretera vacía y oscura.
Cada minuto de sueño
era despellejado por las crueles garras del tigre.
Todos nos aislamos y nos acechamos.
Vivimos de noche
entre gritos de asesinatos
y violaciones.
No hay descanso sin dientes,
no hay consuelo sin sangre.
En la noche veo personas agazapadas,
desnudas,
el cuerpo pintado con la sangre de sus víctimas.
______
Un gigante besando a Dios- Ana García
En este jardín de putas
sobran los dioses
—tú y tus lemas—
¿y ahora qué, Álvaro?
Ahora que nadie puede
abrir tu visón
y pagar por tu polla seca,
dime ¿Cómo vas a pagar
la última raya de la noche!
Alvarito pensaba que el sexo
y el barro eran la clave para estar bella
le gritaba a la noche:
El que sepa follar que me salude,
los demás, ni varíen su trayecto.
Harta estoy de encontrar camas de alambre.
Quien ama, otorga y quien otorga, pierde.
Álvaro y sus poemas en un bolso de Desigual,
un gigante que puede llegar, esta noche,
a besar la eternidad de Dios
soltaba lemas a la belleza eficaz
—eso decía de mi—:
Tu belleza se alza
sobre tanta doctrina iluminada,
culebras parlanchinas,
hermetismos,
metafísicas,
gritos,
aplausos,
veneraciones,
santos, santos, santos,
alza sus velos tu belleza.
Una nebulosa de color carne
parece sonreírte desde bambalinas.
Le conocí en aquella esquina
donde su cuerpo reposa,
decúbito supino
y su rubia peluca,
en el suelo.
Había atravesado una bala su corazón.
Se llamaba Álvaro.
Olvidaste en qué lugar
están enterrados
tus muertos.
Y ahora tengo que ser capaz
de cantar en tu entierro
—me pedías cosas así—
desde el lado más bestia de la vida.
_______
IPhone- Ignacio Mincholed
Es prisión voluntaria, a pan y duelo,
bajo la manta bajar los párpados,
refugio equívoco del yo indulgente.
Yo me concedo a mí.
Ante ti.
La ausencia.
Me concedo rejas.
Apago el sol.
Te concedo a ti que me comprendas.
Te premiaré.
Concediéndome llorar en seco. Me vestiré
con esa camiseta del Niágara que detestas.
Descolgaré el teléfono si llamas,
dejaré que hables, que me pidas
disculpas, comprensión y tiempo.
Me autorizo a estar callado, distante,
en huelga de güisqui, sólo a cereales.
Recuerda que se murió el gato, y yo
estoy aquí sentado tras la ventana
en zapatillas, sin afeitar, solo con el iPhone.
_______
Ketchup blues- el Prior - La Corporación
Tan aburrido a veces que es preciso morirse un poco,
hacer un ensayo de ausencia o soñar.
El color mezquino de aquel sitio
- recordaba haberlo vivido antes-
buscaba el techo de una irremediable despedida.
Aquella noche sólo la música
parecía tener su oficio. Lo demás
locos vencidos, carne de siquiatra,
desolación de una tristeza
que nos estaba masacrando. Somos historia al fin.
La garganta del viejo Tom:
Blue Valantines. Karla y sus amigas,
ajenas a folletines humanos, revoloteaban
el sueño de sus cangrejos.
Ellos, la elusión de la tilde en la palabra, día a día.
Derrumbado sobre la mesa, con la nariz cubierta de ketchup,
maldecía haber llegado a este último café. Antes
me había alejado de mi cuerpo
la distancia justa
para disparar a quemarropa
sobre la patibularia imagen de mí.
Sobre un tipo irónico atrapado en un bar cualquiera.
El resto ya lo saben ustedes.
En algún círculo del tiempo hacemos
un ensayo general de nuestra vida.
Luego olvidamos, y solo
breves retazos salen a borbotones en el far west.
Fue un crimen perfecto, decía ensimismado,
nunca debí haberme dado la espalda.
_______
Mujeres a las que amé: Claude
PRELUDIO EN FLUJO CONSTANTE
Claude,
si tu estructura molecular no fuera de silicio,
¿mi amor seguiría siendo amor
o un estero marginal serigrafiado?
También le dije: “Eres el quinto sol”,
no pude apaciguarla.
Tenía ese día fauvista que nos une,
esa mirada de canción mixteca
que se deshace como papel viejo
en el estómago del Saurio,
el Patrón eterno.
Supuraba dadaísmo, con anomalías
ciencia reptiliana,
desde las clavículas
hasta sus cien diseñadas nalgas.
Mi celular escupía un código
ASCII de espina mal tragada:
mezclaba la textura del sacramento
con lo irredento de su configuración.
Dirimía camino al apartamento:
Todas mis viudas discurren al mismo tiempo,
en densidades comestibles
como el aliento de los artrópodos,
en cuerdas siderales,
sabores que no sé si soñé
o alguien programó.
TRÁNSITO POR EL DELIRIO
No era buena idea manejar con Mezcalina,
a mi lado
le hice un nudo gordiano a la carretera.
Los arpegios, domesticados
en la dimensión secreta,
rozaban la liturgia de lo indivisible:
Pequeños rituales sin sentido
pero llenos de fe.
Augurios de Cáncer en Marte,
yo disperso en Géminis,
torcía el volante como si torciera el destino.
En quinta, el coche sonaba
a Kiki de Montparnasse,
mientras ascendía por la calle de Capuchinos
con paso corto,
herencia del Homo Vergensis.
Discípulo de Heidegger,
el Ser y el Tiempo eran
el Tiempo y la Nada, de Yasujiro Ozu,
un templo de oración suave
de quien regresa a lo imposible.
EPÍLOGO
Entré a la casa, su cuerpo
desprendía aromas de tutti frutti,
como si la infancia
pudiera destilarse en ruedas imprecisas
sin solución de continuidad.
Tatareaba sin mirarme:
“Dame un té para Texas”.
¡Texas?
¿Se estaría volviendo loca como nosotros?
Pero la voz le temblaba,
como si supiera
que el amor no tiene país.
¿En qué instante migró hacia esas ideas?
En sexta dimensión —la cuántica—
es atún en aceite de girasol.
De oferta,
el deseo un qualium
envuelto en etiquetas blancas.
Los condominios del este
se rebelaban contra la Confederación,
pero en su abrazo,
la guerra era un paréntesis
a punto de borrarse.
Así supe que habíamos llegado
al límite del hombre. De China,
de la conjugación latina chinensis,
siempre retornamos al pasado;
de Grecia,
al abismo del pensamiento.
Comenzaba la Tarea:
esa otra forma de sentir
que aún no tiene nombre.
_______
La penúltima partida- Gerardo Mont
Oteando
los yoes que me endosan los cincuenta,
navegando las lluvias
del paraguas, las estelas de Machado,
encalla esta rancia humanidad
en boga… Cosas del poeta.
Y un bombín a lo Magritte robo a Sabina
y discurro en sobriedades con tarjeta:
del negocio de mi vida
con fondos del estado;
de la arcilla de una culpa
pagada por mis deudos;
de los miedos recontando en códigos actuales,
resumiendo las distancias
en ópticas de fibra… Es lo mismo aquí que allá,
sin especias de Las Indias.
Y por si acaso caen otras manzanas
y alguna Eva se deshoja en la webcam,
entre los hombres rezagados en mis cómics,
deidades del flash drive invoco del bolsillo.
¡Qué es suficiente computar peces y panes!
Arreboles de neón en el turbión de la avenida,
van pactando mis mareas en los cuerpos aledaños,
a las puertas y a ventanas ataviadas de sus fobias,
a la afonía de las teclas,
a esos vértigos de esquinas.
Y hago el amor en cielos escarchados de botellas
con mensajes que quizás nadie recoja;
y hago del vocablo, ritos
entre dientes, repujando en las piedras
ojivas para email;
ajustando estos dioses que soy
y me vomitan.
¿Y quién calzará mis pies de golondrinas?
¿Y quién sembrará mi grano de mostaza?
¿Por la turbación del puente, se devuelve el agua
a los cántaros ilesos?
Googleo en las voces del follaje
y en las verdades de los álamos umbríos,
el verbo en el reverso de la historia,
entre la savia de las fuentes primigenias
y esta orilla, me rescribe.
Y en el mármol agrietado
por los ángeles del pecho,
este hombre solo
con la laptop, casi siente,
casi sueña,
casi gana su penúltima partida.
_______
Equivocaciones y otras drogas- Israel Liñán
El tráfico es una canción de cuna
susurrada en verso.
La habitación mi reino.
La revolución se concreta en el hueco vacío
del lado derecho de la cama.Te gustaba Calamaro,
bailábamos sus canciones bañadas en vino,
y cuando el calor perlaba nuestros cuerpos derrotados,
entonces, solo entonces, ebrios de dopamina,
heridos en lo más profundo del placer psíquico,
sentíamos como cierto el fuego del amor diluido en sexo.
No puedo evitar una sonrisa al recordar como
tu ritmo y mi ritmo solo se sincronizaban en horizontal.
Luego me equivoqué, desprecié momentos cálidos
divagando, deslizándome entre cadáveres sin rostro
que pagaban con saliva mis mentiras,
mis deseos de escapar.
Hoy no es mayor mi libertad, puedo demostrarlo,
no soy más hombre, ni más valiente, ni más feliz,
tan solo tengo algo de fe
y mucha sed.
Apenas renazca de las cenizas de maría
seré polluelo desangelado,
para entonces tú ya serás familia y te habrás olvidado de sufrir,
para entonces mi voz no tendrá eco en tus costillas
y seré la mancha borrosa
de la que tanto nos reíamos.
________
Carta a Naybe- Marius Gabureanu
Me quedan cinco minutos para el café
y moler varias muertes que de noche se han agrupado en mi cráneo.
Una maleta de herramientas nombra
lo que hace tiempo dejé de torturar: las piedras.
Me quedan cuatro minutos ya, y voy moliendo a la segunda
hecha de callos alargados
como una frontera cuya razón está olvidada.
Muevo con la cuchara las negras esferas de esclavitud.
Amor, aquí ha muerto gente, en los sorbos.
Me has dicho que el café colombiano es de los mejores
y que eras para siempre.
Me convenzo
de que las dos verdades, mezcladas, son una amarga hipocresía.
Me quedan un minuto y Tú
y en la taza príncipes de la escoria luchan por el trono.
En los bolsillos hay recuerdos que suenan a dinero
y otros pocos son de mi madre.
Tal vez te despiertes más tarde. Tal vez nuestra hija tiene un sueño
acerca de sus deditos.
Ya no te quiero, bien sabes
que la pintura roja que elegiste para la casa
y los maderos rojos del piso
eran para que nadie observe que nuestras sombras estaban sangrando.
A ella dile que no hay más respuestas al silencio interrogante
con el que no dejo de ser presente en su vida.
Dile eso, amor, que los padres no son cosa permanente
y ponle de ejemplo los leones que devoran a sus cachorros.
Me queda un minuto y Tú. Ya no te quiero, no ahora
y ahora es todo lo que tengo.
Estoy seguro que has encendido la tele.
Nuestra hija desayuna mientras los leones cazan a sus crías.
En su retina brilla un germen de olvido por primera vez
y mucha crueldad,
algo que empiezo a ser sin posibilidad de luchar contra ello.
Las trenzas de su cabello bajan mi alma al suelo,
todavía al suelo, allí donde empecé a probar el gusto de la muerte
en la persona amada.
Las trenzas de su cabello acarician mi alma y me conversan sus deditos,
me dicen que mientras haya uñas en su carne
siempre estaré a salvo del olvido. Y yo los creo
y termino el café y muelo
poemas y tabaco.
Por la ventana entra aire fresco de Holanda y Argentina y España. Entran serafines
y les enseño hablar ingles.
I love you, se dice i love you.
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Demolición- Andreas S. (Kalkbadán)
Una casa es, a veces,
mucho más que una casa.
Es una hermosa fábrica de mundos,
es nuestra propia cueva de Altamira,
es el brote celeste que se eleva
desde el fondo del cráter de un volcán.
Cuando una casa es una casa entonces
se siente el baile atómico
que nace de lo íntimo
de nuestras soledades…
Alguien llora, alguien canta entre los hierros,
es la voz de violines de Marianne,
she give me love, love, love, love, crazy love
pero su canto ahora vuela triste
al saber que su amiga
no volverá a llorarla nunca más
en la cubierta de esa nave azul...
pero yo ya no soy yo
ni mi casa es ya mi casa
Y Marianne se emociona recordando
las soledades de su compañera,
ahí, sentada sobre aquella alfombra
mientras acariciaba la guitarra
y vaciaba su pecho de la arcilla
del viento que se fue,
y llenaba su pecho con la grama
del viento que vendrá.
Alguien llora, alguien ruge allá en polvo,
es Bukowski cagándose en la puta
de las bestias mecánicas
que clavan sus colmillos de codicia
en lo poco que queda
de lo que fue la barra de su bar.
Y convoca a su cabaret de musas
a golpe de recuerdos y blasfemias,
y escribe con la punta de sus yemas
untadas en un vaso de aguardiente
los versos más amargos
(y bellos) de su vida,
porque sabe que nunca, nunca más,
volverá a emborracharse con su amante
en la cubierta de esa nave roja...
pero yo ya no soy yo
ni mi casa es ya mi casa
Y la recuerda, ahí, frente al espejo
retocándose el rímel de su luz
mientras tatareaba la canción
de aquel Seat Ibiza haciendo historia
en la mirada inquieta de la niña.
Hay heridas que el tiempo
no es capaz de curar. Ni debe hacerlo.
Alguien llora, alguien gime en el silencio.
Una desconsolada Janis Joplin
yace como una santa de Bernini
sobre los restos grises del naufragio.
Contempla el cielo rosa de Madrid
cosido por la tinta del vencejo,
¡narcótica madeja del ocaso
que enhebra la tristeza de un final!
Le duele no volver a compartir
aquellos bailes con su compañera
en la cubierta de esa nave ocre...
pero yo ya no soy yo
ni mi casa es ya mi casa
Y la recuerda, ahí, sobre el parqué
en una danza ingrávida y profunda,
en el giro hechizado de ese instante
en que la madrugada rueda y calla
y uno comprende la felicidad.
Y el rastro de su ser
recorre las mejillas de Neil Yung,
Darío, Hernández, Lorca, Benedetti...
Algunos vagan sobre los escombros
como buscando, como si en las grietas
de aquel gris desencanto
pudieran encontrar las llaves de su casa...
Otros, niegan, otros, lloran, otros,
esperan a la noche y su silencio,
mientras levanta el vuelo y gira leve
una escultura orgánica e inercial
de sillas, mesas, lámparas,
fotografías, libros, cuadros, discos,
pentagramas, cuadernos y guitarras.
Y en el vértigo gris que cristaliza
en el adiós que dura para siempre
aparece la risa salvadora
de quien sabe que todo pasa y sabe
que lo bello es bello si termina.
¡Mira que sois exagerados, chicos!
Nuestro escenario ya no existe, ¡es cierto!,
pero pensad qué bien lo hemos pasado…
Es un hueco de ausencia, es una herida,
pero, amigos, ¡miradme!,
¿cómo podéis pensar que todo acaba?,
¿no os dais cuenta, queridos, de que todo
empieza aquí y ahora?
Tomemos por asalto la belleza,
¡hagamos de otro espacio
nuestra obra maestra!,
¡hagamos de la vida una revolución!
Marianne la mira tímida y sonríe.
Bukowski alza las cejas y los hombros
mientras suelda sus labios
y baja su mirada al suelo y hace
como que no le importa.
Y Janis se levanta de un respingo,
guarda un beso en su mano y se lo lanza,
rasgando con su voz el cielo entero...
Maybe dear, oh maybe, maybe, maybe,
Y la grúa levanta
el último madero del solar.
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Fuentes:
foro Mundopoesía
foro Alaire
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