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Yo soy un gusano de manzana en el tiempo de la pera,
el grillar odioso de una madrugada insomne en el olvido,
el sueño de un niño hecho pesadilla en otro sueño malvado,
el que anda por la calle llenando de hambre su estómago vacío,
su garganta congelada de silencio ajeno,
de los ecos del suicidio,
de la palabra que no dice nada.
Yo muero en la boca de todos mis amigos:
los que enmudecen en susurros de desdén e hipocresía,
los que ahogan su llanto con el mío.
Yo soy una almohada vacía en la penumbra,
el que camina sobre el cemento fresco sin dejar pisadas,
el que observa al día desde la noche
el que odia a los nuevos proletarios con corbata:
los cuadrados del sistema
los que desayunan en las mesas de sus padres
y eructan rebeldía en los congresos
los que cuidan la línea obesa de su gula vegetariana,
los que duermen bien y tienen pesadillas,
los que olvidan, los que dejan, los que odian,
los que matan, los que mienten,
los que sufren, los malditos y los santos.
Los pobres niños ricos que todos los días
cenan pan con jamón y leche cortada
sobre las cabezas de los niños pobres que se comen las uñas.
Por todos ellos levanto esta copa de vino barato
que me enciende la gastritis y
me excita la palabra;
por todos ellos brindo.
Brindo por el niño que se muere de hambre en las esquinas,
por la hipocresía de los hombres,
por las mujeres que jamás ensalivaron la palma de su mano
para estrujar toda la virilidad de sus maridos excitados,
las que soportan todo por amor,
las que viven en las cocinas de sus casas,
presas del desayuno a las seis y del té a las cinco,
por ellas también brindo.
Brindo por la injusticia,
por la desigualdad,
por la mala educación,
por la televisión basura,
por la música estúpida,
por los diarios chichas.
Brindo por la indiferencia,
por la identidad de nuestros pueblos pluriculturales,
por los blancos, por los negros,
por los cholos que cholean a otros cholos,
por los cristianos que hablan de dios en las iglesias
de fútbol en los parques
y de mujeres en los bares.
Por los que rezan al pie de un yeso y piden salvación,
por los infieles, por el hambre, por la miseria,
por la pobreza, por la guerra, por la muerte.
Por el silencio de los que manchan de amor barato sus escritos,
los que odian a vallejo porque no lo entienden,
los que creen que la literatura es bella,
que el poema es una isla,
que la poesía cumple una función.
Los que aplauden, los que recitan,
los que se visten de poetas en los actos culturales,
los críticos, los editores y los autores...
Para todos ellos va este canto,
y yo soy un gusano de manzana en el tiempo de la pera
porque Dios se olvidó de crear seres humanos.