Me corté las manos de tanto defenderme. ¡oh Dios mio! cuantos machetazos!, decian las impúdicas mujeres que precenciaban aquella escena de horror. Ay mis manitos -"decía yo-", me duelen mucho, no mas machetazos. El tipo me miró furioso a los ojos y se marchó dando zancadas espelusnantes.
El se lo buscó, decía la gente de por ahí. Asi aprendedrá, decian otros. Yo simplemente decidí seguir mi camino con las manos destrozadas y las mujeres gordas y chismosas del barrio me observaban pero no me ayudaban. ¡ahí está él!, escuché despues, vi una turba. Mátenlo, decian, destrózenlo gritaban, ahí va el ladrón. ¿El ladrón, ? ¡Pero si yo no fuí!...