[center:7ac21d9e7b]Busca la Casa de la Llorona
Encuéntrala en el número veintidós
Donde van las almas perdidas
En su lecho de amargura y terror.
Ahí todas pagan penitencia
En valle de lágrimas les sirve caminar
Es condena por su silencio
Aquel pecado que guardan sin confesar.
La primera que ocupó la casa
Ronda los jardines arrastrando sus penas
Cuida mucho de sus rosas rojas
Las riega con sangre de sus venas.
Dicen que era de cabellos rubios
De ojos grandes y dulces cuales caramelos
Suaves mejillas sonrosadas
Que palidecieron pronto por los celos.
Cuentan que vendió su cuerpo
A la borrachera de un hombre protervo
Se unió el demonio con un ángel
Murió nada más ser madre de un cuervo.
Desde entonces vaga sola
Purgando su alma de mujer celosa
Al no hallar consuelo alguno
Fundó en la noche esta casa prodigiosa.
Toda clase de penitentes
Lascivos, ladrones, suicidas y asesinos
Todo aquel muerto sin cura
Habrá de contarse entre sus inquilinos.
De modo que anda con cuidado
Si guías tus pasos a la Casa de la Llorona
Cuídate del número veintidós
Pues a quien atrapa ya nunca abandona.
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Encuéntrala en el número veintidós
Donde van las almas perdidas
En su lecho de amargura y terror.
Ahí todas pagan penitencia
En valle de lágrimas les sirve caminar
Es condena por su silencio
Aquel pecado que guardan sin confesar.
La primera que ocupó la casa
Ronda los jardines arrastrando sus penas
Cuida mucho de sus rosas rojas
Las riega con sangre de sus venas.
Dicen que era de cabellos rubios
De ojos grandes y dulces cuales caramelos
Suaves mejillas sonrosadas
Que palidecieron pronto por los celos.
Cuentan que vendió su cuerpo
A la borrachera de un hombre protervo
Se unió el demonio con un ángel
Murió nada más ser madre de un cuervo.
Desde entonces vaga sola
Purgando su alma de mujer celosa
Al no hallar consuelo alguno
Fundó en la noche esta casa prodigiosa.
Toda clase de penitentes
Lascivos, ladrones, suicidas y asesinos
Todo aquel muerto sin cura
Habrá de contarse entre sus inquilinos.
De modo que anda con cuidado
Si guías tus pasos a la Casa de la Llorona
Cuídate del número veintidós
Pues a quien atrapa ya nunca abandona.
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