Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Mi piel arde
como hierro recién nacido del fuego,
como piedra que el sol ha besado durante siglos
y todavía guarda un latido caliente en su centro.
Arde mi piel
cuando tu sombra pasa por mi sangre
como un río oscuro cargado de sal,
como madera viva que cruje lentamente
dentro del incendio de la noche.
Tú.
Tu cuerpo inclinado sobre mi silencio.
Tus manos de tierra húmeda y de viento.
Todo en ti despierta algo antiguo,
una campana enterrada en el fondo de mi pecho,
un bosque secreto que abre sus raíces en la oscuridad.
Entonces mi piel arde otra vez.
Arde como campo sediento,
como barco de madera golpeado por las olas,
como carbón que guarda una estrella en su interior.
Y cuando digo tu nombre
algo imposible ocurre en el mundo:
la noche se arrodilla en mis manos,
las estrellas bajan a beber de tu respiración,
y un pájaro de fuego
construye lentamente su nido en mi pecho.
Mi piel arde.
Pero no de dolor.
Arde como la tierra cuando vuelve la lluvia,
como la sal cuando reconoce el mar,
como el universo entero
cuando tu cuerpo
enciende su primera luz dentro del mío.
como hierro recién nacido del fuego,
como piedra que el sol ha besado durante siglos
y todavía guarda un latido caliente en su centro.
Arde mi piel
cuando tu sombra pasa por mi sangre
como un río oscuro cargado de sal,
como madera viva que cruje lentamente
dentro del incendio de la noche.
Tú.
Tu cuerpo inclinado sobre mi silencio.
Tus manos de tierra húmeda y de viento.
Todo en ti despierta algo antiguo,
una campana enterrada en el fondo de mi pecho,
un bosque secreto que abre sus raíces en la oscuridad.
Entonces mi piel arde otra vez.
Arde como campo sediento,
como barco de madera golpeado por las olas,
como carbón que guarda una estrella en su interior.
Y cuando digo tu nombre
algo imposible ocurre en el mundo:
la noche se arrodilla en mis manos,
las estrellas bajan a beber de tu respiración,
y un pájaro de fuego
construye lentamente su nido en mi pecho.
Mi piel arde.
Pero no de dolor.
Arde como la tierra cuando vuelve la lluvia,
como la sal cuando reconoce el mar,
como el universo entero
cuando tu cuerpo
enciende su primera luz dentro del mío.
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