AnonimamenteYo
Poeta adicto al portal
La distancia se recuesta
a nuestro lado,
acurrucada en el espacio
que el “nosotros” dejó en pausa.
Se hace la distraída
acomodada en un sillón prestado,
mientras observa cómo se difumina
el calor que nos acercaba.
Nos roza con su nariz afilada,
como las agujas de un antiguo reloj.
No habla.
A veces tose,
otras carraspea,
y nos apremia con su presencia,
como si el mundo entero
estuviera apostando
a que alguno ceda su lugar.
Y yo pienso
al encontrarme latiendo en tus ojos verdes,
que si extendieras la mano
y yo hiciera lo mismo,
la distancia
no tendría más remedio
que retroceder
y regresar por donde vino.
Se cree instalada para quedarse,
pero ella no sabe que nosotros
solo anhelamos una silla
donde habitemos los dos.
a nuestro lado,
acurrucada en el espacio
que el “nosotros” dejó en pausa.
Se hace la distraída
acomodada en un sillón prestado,
mientras observa cómo se difumina
el calor que nos acercaba.
Nos roza con su nariz afilada,
como las agujas de un antiguo reloj.
No habla.
A veces tose,
otras carraspea,
y nos apremia con su presencia,
como si el mundo entero
estuviera apostando
a que alguno ceda su lugar.
Y yo pienso
al encontrarme latiendo en tus ojos verdes,
que si extendieras la mano
y yo hiciera lo mismo,
la distancia
no tendría más remedio
que retroceder
y regresar por donde vino.
Se cree instalada para quedarse,
pero ella no sabe que nosotros
solo anhelamos una silla
donde habitemos los dos.