Errático paseante entre las piedras antiguas
mientras la luna me llueve su leche agria
-se que me rodean silencios de batalla, pero avanzo-
busco en esta extraña y mineral madrépora
la esquiva conjunción de su canción y mi muerte.
Habitado por perfumados presagios
por dolorosas romanzas de jilgueros
por cristales acezantes que buscan su licor cautivo
avanzo por extáticos baldíos
entre astillas perfumadas por la sangre antigua
entre dólmenes sagrados y monolitos votivos
que se disuelven en la lluvia lunar del plenilunio.
Pareciera que de mi respiración nazca el silencio
y mis miradas ennegrezcan las sombras de las piedras
que olfatean la presencia de este intruso.
Elijo el mejor granito donde tallaré mi tumba
un simple hueco de coordenadas perfectas
riguroso en su oficio de almacenero de cuerpos.
La mirada taumatúrgica de mis ojos urbanitas
transforman en jardines monacales
los rústicos lentiscos los oréganos rastreros
mi mirada miope de urbanita excarcelado
se jacta de milagros inconclusos
rancio orgullo de hombre viejo.
Me llueve la leche agria de la luna pleniluna
y me uno al coro escabroso de las aves de la noche
viejo hombre de ciudad de amor ausente
del neón esquizofrénico y artero
navegante de viejos mares y amante de las sirenas
oyente eterno de los ruidos de los claxons
y el trepidar de los tranvías
Errático pasear hacia la tumba.
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