BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desde sitiales espasmódicos,
contrariados, rabiosos por el mordisco
de una tarántula, en el cerebro
menos mosquita muerta, delator
de orquídeas negras, ahítas.
Desde puntas blancas ejercitadas,
hasta las níveas plumas de un halcón milenario,
con sucintas y exiguas voluntades
el maizal abre su lecho de algarabía.
En mitad de la osadía, con su presunción
itinerante, desde cetros congregados
entorno a la ira o el desánimo, insaciables.
Volátiles plumas de origen ignoto,
suaves ondulaciones de territorios inacabados,
reunión de mausoleos, elefantes abandonados.
La incesante pelea, el combate impreciso,
ese ruido de sables, que amanece y golpea
en cada pupila, y un llanto cavernario
que utiliza un lenguaje capaz de denostar
el arbitrio de un dios ignorante.
©
contrariados, rabiosos por el mordisco
de una tarántula, en el cerebro
menos mosquita muerta, delator
de orquídeas negras, ahítas.
Desde puntas blancas ejercitadas,
hasta las níveas plumas de un halcón milenario,
con sucintas y exiguas voluntades
el maizal abre su lecho de algarabía.
En mitad de la osadía, con su presunción
itinerante, desde cetros congregados
entorno a la ira o el desánimo, insaciables.
Volátiles plumas de origen ignoto,
suaves ondulaciones de territorios inacabados,
reunión de mausoleos, elefantes abandonados.
La incesante pelea, el combate impreciso,
ese ruido de sables, que amanece y golpea
en cada pupila, y un llanto cavernario
que utiliza un lenguaje capaz de denostar
el arbitrio de un dios ignorante.
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