RUINAS GESTANTES
Me abro paso entre las cañas
que son como como suspiros encriptados
No es el hielo como una luna que no sabe sonreír
No es el hielo como cortina de fuego.
Me atrae una música dulcísima
como el frotar con pinceles de niebla
tu vientre habitado por un monstruo de silencios.
Me abro paso entre las cañas
que exhalan los suspiros oxidados al romperse
Me espera el viejo castillo
donde comienza la Vía Láctea y se engendran
adustas constelaciones.
Entre instrumentos que no concibieron los hombres
fulgurantes reflejos de ojos
como láminas de mica
exploran nuevas inmensidades.
Es la hora del café, vieja costumbre
a la que rindo homenaje.
Desde la taza humeante se dibujan volutas y nubes grises
que me recuerdan tu cuerpo
en las noches de placer.
El viejo castillo me acompaña cuando lo penetro
con la alevosía de un sátiro
y me ofrece la sustancia de los sueños.
Las miríadas de estrellas en perfectas formación
se van transmutando en ojos
ojos alojados en voluminosos peces
como ráfagas de luz
como espadas inflamadas por el odio
buscando su pescador.
Llueven los peces estrella sobre los campos salobres.
Las viejas ruinas gestantes
se cierran tras las candorosas nubes
desgarradas por el trágico espectáculo
que es la inspiración
de un poeta.
Ilus.: Max Ernst. "Une semaine de bonté"
Me abro paso entre las cañas
que son como como suspiros encriptados
No es el hielo como una luna que no sabe sonreír
No es el hielo como cortina de fuego.
Me atrae una música dulcísima
como el frotar con pinceles de niebla
tu vientre habitado por un monstruo de silencios.
Me abro paso entre las cañas
que exhalan los suspiros oxidados al romperse
Me espera el viejo castillo
donde comienza la Vía Láctea y se engendran
adustas constelaciones.
Entre instrumentos que no concibieron los hombres
fulgurantes reflejos de ojos
como láminas de mica
exploran nuevas inmensidades.
Es la hora del café, vieja costumbre
a la que rindo homenaje.
Desde la taza humeante se dibujan volutas y nubes grises
que me recuerdan tu cuerpo
en las noches de placer.
El viejo castillo me acompaña cuando lo penetro
con la alevosía de un sátiro
y me ofrece la sustancia de los sueños.
Las miríadas de estrellas en perfectas formación
se van transmutando en ojos
ojos alojados en voluminosos peces
como ráfagas de luz
como espadas inflamadas por el odio
buscando su pescador.
Llueven los peces estrella sobre los campos salobres.
Las viejas ruinas gestantes
se cierran tras las candorosas nubes
desgarradas por el trágico espectáculo
que es la inspiración
de un poeta.
Ilus.: Max Ernst. "Une semaine de bonté"