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El entierro de don Manuel

ALEXVILLS27

Poeta recién llegado
Aquel día fue gris en Altagracia
fue un día de tristeza de gran luto
y ya que había ocurrido una desgracia
muy lentos transcurrían los minutos



Una angustia muy grande recorría

por los rostros de muchos pueblerinos

de hombres, de mujeres y de niños

que a don Manuel Ruiz ya despedían



Cuatro peones de cuerpos bien fornidos

Transitaban llevando a don Manuel

Llenos de tristeza, pero agradecidos

porque trabajaban en la hacienda de él.


En la cara de aquellos cuatro hombres
se observaba una inmensa pesadez
un dolor que no tenía nombre
por quién los ayudó desde su niñez


Y a pesar de su fuerza y valor
las lágrimas mojaban sus mejillas
pues no conocían un hombre mejor
que el que llevaban a la capilla


Doña Lucía sufría a llanto suelto
una ausencia que le amargaba el alma

y ya que su esposo estaba muerto

su cuerpo de mujer no hallaba calma



Su grito mostraba todo el sentimiento

el gran amor que por el guardaba

su triste voz , su llanto y lamento

entre la multitud más pesar sembraba.



El cielo nublado denotaba aun más

la melancolía que en muchos había

el padre Miguel en sus rezos pedía

para que el difunto encontrara la paz



Y la merecía, había sido bueno
y un hombre noble, con los campesinos
Entre la asamblea unos rostros morenos
ya meditaban sobre sus destinos:



Pensaban quizás en ser despedidos,

después de la muerte de su buen patrón,

pero algunos que serían cedidos a alguna encomienda por la situación



No obstante, algunos también cavilaban

entre los himnos hechos en el rezo
que podían obtener algún progreso

porque don Manuel ahora no estaba


Los rostros terrosos de algunos peones
lo estaban aún más por este momento
y muchos lloraban por los pensamientos
que en varios nublaban sus aspiraciones



El padre Miguel terminó el despido
y con un crucifijo salió al frente
para dirigir a toda la gente
y cumplir así lo que había ofrecido



Hacia el cementerio fueron lentamente
como con el deseo de no querer llegar
la gente marchaba bajo el sol ardiente
mientras que la viuda continuaba igual



La urna se hacía aún más pesada

sobre las espaldas de aquellos peones

Pero la bondad de sus intenciones

los fortalecía, pese se agotaban



Entonces llegaron hasta el cementerio

y con rapidez lo sepultureros

Matongo, Gonzalo y don Emeterio

cubrieron de tierra el féretro entero.



Lucía sufrió una gran pesadilla

y con desconsuelo, con dolor lloraba

había en el lugar bastante gramilla

y el gamelote también abundaba.


Media hora después, aproximadamente,
salieron de allí todas las personas
y dejaron sola toda aquella zona
con la esencia de un cadáver diferente.


Al pueblo volvieron los acompañantes
junto con Lucía que aún lloraba
por perder al ser que la amara antes
pero que en el mundo solo la dejaba
 
La muerte de un buen hombre con sus consecuencias y los honores entierro incluido nos narra en extenso y polimétrico poema. Descanse en paz Don Manuel.

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Aquel día fue gris en Altagracia
fue un día de tristeza de gran luto
y ya que había ocurrido una desgracia
muy lentos transcurrían los minutos



Una angustia muy grande recorría

por los rostros de muchos pueblerinos

de hombres, de mujeres y de niños

que a don Manuel Ruiz ya despedían



Cuatro peones de cuerpos bien fornidos

Transitaban llevando a don Manuel

Llenos de tristeza, pero agradecidos

porque trabajaban en la hacienda de él.


En la cara de aquellos cuatro hombres
se observaba una inmensa pesadez
un dolor que no tenía nombre
por quién los ayudó desde su niñez


Y a pesar de su fuerza y valor
las lágrimas mojaban sus mejillas
pues no conocían un hombre mejor
que el que llevaban a la capilla


Doña Lucía sufría a llanto suelto
una ausencia que le amargaba el alma

y ya que su esposo estaba muerto

su cuerpo de mujer no hallaba calma



Su grito mostraba todo el sentimiento

el gran amor que por el guardaba

su triste voz , su llanto y lamento

entre la multitud más pesar sembraba.



El cielo nublado denotaba aun más

la melancolía que en muchos había

el padre Miguel en sus rezos pedía

para que el difunto encontrara la paz



Y la merecía, había sido bueno
y un hombre noble, con los campesinos
Entre la asamblea unos rostros morenos
ya meditaban sobre sus destinos:



Pensaban quizás en ser despedidos,

después de la muerte de su buen patrón,

pero algunos que serían cedidos a alguna encomienda por la situación



No obstante, algunos también cavilaban

entre los himnos hechos en el rezo
que podían obtener algún progreso

porque don Manuel ahora no estaba


Los rostros terrosos de algunos peones
lo estaban aún más por este momento
y muchos lloraban por los pensamientos
que en varios nublaban sus aspiraciones



El padre Miguel terminó el despido
y con un crucifijo salió al frente
para dirigir a toda la gente
y cumplir así lo que había ofrecido



Hacia el cementerio fueron lentamente
como con el deseo de no querer llegar
la gente marchaba bajo el sol ardiente
mientras que la viuda continuaba igual



La urna se hacía aún más pesada

sobre las espaldas de aquellos peones

Pero la bondad de sus intenciones

los fortalecía, pese se agotaban



Entonces llegaron hasta el cementerio

y con rapidez lo sepultureros

Matongo, Gonzalo y don Emeterio

cubrieron de tierra el féretro entero.



Lucía sufrió una gran pesadilla

y con desconsuelo, con dolor lloraba

había en el lugar bastante gramilla

y el gamelote también abundaba.


Media hora después, aproximadamente,
salieron de allí todas las personas
y dejaron sola toda aquella zona
con la esencia de un cadáver diferente.


Al pueblo volvieron los acompañantes
junto con Lucía que aún lloraba
por perder al ser que la amara antes
pero que en el mundo solo la dejaba
Bienvenido poeta venezolano, muy agradable este extenso relato versado sobre la muerte de don Manuel, un abrazo cordial desde Madrid.
 
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