BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Camino, bajo un sol de estío,
entre veredas insolentes, por cauces
disecados, con abejas en los párpados,
como pámpanos de azúcar, que colgaran
de mis labios o de mis cejas, ambas.
Ando, despistado, trashumante, prófugo,
leyendo la cartilla a gentes desesperadas,
ocultando la lección de las alcantarillas
bajo un aspecto de hombre de las cavernas.
Instaurando el pretérito infeliz, dichoso
de albergar frescuras y frondas, sin saber
lo que hago, sin saber lo que digo.
Cejas que exudan humores y ternuras,
antiguas lides de combates ingenuos,
ando, bajo ellas, observándome y recorriéndome,
sin reconocerme.
©
entre veredas insolentes, por cauces
disecados, con abejas en los párpados,
como pámpanos de azúcar, que colgaran
de mis labios o de mis cejas, ambas.
Ando, despistado, trashumante, prófugo,
leyendo la cartilla a gentes desesperadas,
ocultando la lección de las alcantarillas
bajo un aspecto de hombre de las cavernas.
Instaurando el pretérito infeliz, dichoso
de albergar frescuras y frondas, sin saber
lo que hago, sin saber lo que digo.
Cejas que exudan humores y ternuras,
antiguas lides de combates ingenuos,
ando, bajo ellas, observándome y recorriéndome,
sin reconocerme.
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