Maroc
Alberto
Está la luna llena
de dulce acento cadencioso
abrazando la noche
como atraída por su magia
a los carbones,
el humo juega en la calle
y un carro pasa lentamente...
porque todo, absolutamente todo
cuida la baraja
que permite ver el mar
y las flechas perdidas de Cupido.
Una inspiración abierta
surgiendo a cualquier hora,
recordando copas de anís y caramelos
salpicadas por vistazos
de luz al horizonte,
los paseos nocturnos
que nunca prendieron la libertad
hoy vuelven para servir voluptuosos,
despedazar la maquinaria
de los cajeros automáticos,
bendecir el sexo,
las montañas,
los gritos que pretenden cambiar
las aceras y el pladur,
podría ser un lunes
sin que tú lo sepas,
entre un barro de turbas
en un mundo sin amor,
así vendrá,
sin preguntas,
sin recovecos ni giros,
al calor ardiente
de aquel mediodía de verano
o traída por una obscuridad
roja de sangre parturienta,
deseando sin razones,
pintando pieles azules
sobre los mensajeros,
poniendo cerco a las tapias de la vida
para romper ladrillos
con los puños de su musculatura,
se explicará sin agotarse,
es el espejo voraz del sentimiento
desde el trasfondo
moribundo de las manos
hasta la desaparición
de la memoria.
de dulce acento cadencioso
abrazando la noche
como atraída por su magia
a los carbones,
el humo juega en la calle
y un carro pasa lentamente...
porque todo, absolutamente todo
cuida la baraja
que permite ver el mar
y las flechas perdidas de Cupido.
Una inspiración abierta
surgiendo a cualquier hora,
recordando copas de anís y caramelos
salpicadas por vistazos
de luz al horizonte,
los paseos nocturnos
que nunca prendieron la libertad
hoy vuelven para servir voluptuosos,
despedazar la maquinaria
de los cajeros automáticos,
bendecir el sexo,
las montañas,
los gritos que pretenden cambiar
las aceras y el pladur,
podría ser un lunes
sin que tú lo sepas,
entre un barro de turbas
en un mundo sin amor,
así vendrá,
sin preguntas,
sin recovecos ni giros,
al calor ardiente
de aquel mediodía de verano
o traída por una obscuridad
roja de sangre parturienta,
deseando sin razones,
pintando pieles azules
sobre los mensajeros,
poniendo cerco a las tapias de la vida
para romper ladrillos
con los puños de su musculatura,
se explicará sin agotarse,
es el espejo voraz del sentimiento
desde el trasfondo
moribundo de las manos
hasta la desaparición
de la memoria.
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