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El misterio que nos une

penabad57

Poeta veterano en el portal
Caían vendavales y horas oscuras, caía la luz como un manto
de amapolas, caía el eclipse inventado en mis ojos sombríos.
Pero adiviné la virtud blanca de la efigie, el símbolo que surca
la estela de un barco mítico, el rompeolas de teselas azules y mitos
de barba negra, tritones viejos en el espigón al sol como el musgo
que quiere sentirse espuma, prístina flor de agua. Pero yo quería hablar
de ti con tu vestido de álgebra roja, el aire sabe que, al rozarte,
los inviernos se vuelven verano, porque la calidez brota de tus hombros
y no lloras si el carámbano hiela tu risa, no cedes si la ola se convierte
en témpano y arroja sobre ti su músculo de vértices helados, su escarpada
piel de cristal sin lisura. En tu voz el susurro de la sirena y los mil oboes
como un calmo suspiro de tiempo acompañándote con su triste arpegio,
así te sientes tú, isla y viento, enigma y anémona como collar sin nombre,
y luna de altas alas y lagarto de plenilunio, y gris pétalo de la metáfora,
y faro estéril condenado a su círculo; a ti te adoran los cometas y a mí
los cactus secos que no conocen la lluvia, algo hay que nos une,
y ninguno de los dos lo nombra.
 
Última edición:
Hermosas y acompasadas palabras. De principio a fin se oyen como canto de pájaro poema. No se si pájaro azul, no se si pájaro negro, no se si son nuves que queman. Parafraseo como quizás ves, el primer poema que leí de ti, hace apenas unos minutos.

Enhorabuena por tu obra, me ha gustado mucho. Sinceramente:
Maca
 
Última edición:
Caían vendavales y horas oscuras, caía la luz como un manto
de amapolas, caía el eclipse inventado en mis ojos sombríos.
Pero adiviné la virtud blanca de la efigie, el símbolo que surca
la estela de un barco mítico, el rompeolas de teselas azules y mitos
de barba negra, tritones viejos en el espigón al sol como el musgo
que quiere sentirse espuma, prístina flor de agua. Pero yo quería hablar
de ti con tu vestido de álgebra roja, el aire sabe que, al rozarte,
los inviernos se vuelven verano, porque la calidez brota de tus hombros
y no lloras si el carámbano hiela tu risa, no cedes si la ola se convierte
en témpano y arroja sobre ti su músculo de vértices helados, su escarpada
piel de cristal sin lisura. En tu voz el susurro de la sirena y los mil oboes
como un calmo suspiro de tiempo acompañándote con su triste arpegio,
así te sientes tú, isla y viento, enigma y anémona como collar sin nombre,
y luna de altas alas y lagarto de plenilunio, y gris pétalo de la metáfora,
y faro estéril condenado a su círculo; a ti te adoran los cometas y a mí
los cactus secos que no conocen la lluvia, algo hay que nos une,
y ninguno de los dos lo nombra.
Quedan espacios donde la densidad del sueño lleva al calmado
suspiro donde las formas empañadas dejan ese gesto de una
busqueda entre los detalles enfrentados. me ha gustado.
saludos amables de luzyabsenta
 
Hermosas y acompasadas palabras. De principio a fin se oyen como canto de pájaro poema. No se si pájaro azul, no se si pájaro negro, no se si son nueves que queman. Parafraseo como quizás ves, el primer poema que leí de ti, hace apenas unos minutos.

Enhorabuena por tu obra, me ha gustado mucho. Sinceramente:
Maca
Gracias, Macalopez, por tu visita y amables palabras. Un saludo cordial.
 
Caían vendavales y horas oscuras, caía la luz como un manto
de amapolas, caía el eclipse inventado en mis ojos sombríos.
Pero adiviné la virtud blanca de la efigie, el símbolo que surca
la estela de un barco mítico, el rompeolas de teselas azules y mitos
de barba negra, tritones viejos en el espigón al sol como el musgo
que quiere sentirse espuma, prístina flor de agua. Pero yo quería hablar
de ti con tu vestido de álgebra roja, el aire sabe que, al rozarte,
los inviernos se vuelven verano, porque la calidez brota de tus hombros
y no lloras si el carámbano hiela tu risa, no cedes si la ola se convierte
en témpano y arroja sobre ti su músculo de vértices helados, su escarpada
piel de cristal sin lisura. En tu voz el susurro de la sirena y los mil oboes
como un calmo suspiro de tiempo acompañándote con su triste arpegio,
así te sientes tú, isla y viento, enigma y anémona como collar sin nombre,
y luna de altas alas y lagarto de plenilunio, y gris pétalo de la metáfora,
y faro estéril condenado a su círculo; a ti te adoran los cometas y a mí
los cactus secos que no conocen la lluvia, algo hay que nos une,
y ninguno de los dos lo nombra.
Muy muy bueno; desde mi humilde punto de vista, un placer la lectura poeta.

Abrazos, Alberto.
 
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