BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tronos vacíos
señuelos partidos
paños ortopédicos
gestando sinuosa
tu voz.
Eco calcinado
en la encina deteriorada,
sustituto de llanto
precisas omisiones que auguran
vaticinios de flota putrefacta.
Oh infinitos detergentes
adaptándose a la realidad vigente,
cómo maniobráis mi lengua de llanto,
mi especie de bromuro consolidado!
Y pensar que los lagos supusieron
la distancia de un brazo a otro,
de una orilla abarcada a otra...
me gusta zaherir heridas ya abiertas
claustros de imposibles agendas
y en sus brazos, omnipotentes, presentes,
descender del lamento hasta la lápida.
Y vender por los mercados
la frutería del cristal de abajo.
Cristalería obsesiva que pronostica
tu sepulcro de vacilantes espumas.
Bajo al mar, su orilla de lactancia materna,
su ribera oblicua al océano, donde
metemos los laúdes en sepulcro material.
Ecos, mi voz y la vuestra,
de un turbio pasado inaugurado,
de un sanguíneo tronco de llantos,
de un cristalizado ramo de flores.
Sus brazos! Lánguidamente concluidos:
en piscinas de amianto, con esencias y perfumes
de diapasón, donde conservo
mi idioma hastiado, el hacha que perfora
mis omóplatos, astillándolos.
©
señuelos partidos
paños ortopédicos
gestando sinuosa
tu voz.
Eco calcinado
en la encina deteriorada,
sustituto de llanto
precisas omisiones que auguran
vaticinios de flota putrefacta.
Oh infinitos detergentes
adaptándose a la realidad vigente,
cómo maniobráis mi lengua de llanto,
mi especie de bromuro consolidado!
Y pensar que los lagos supusieron
la distancia de un brazo a otro,
de una orilla abarcada a otra...
me gusta zaherir heridas ya abiertas
claustros de imposibles agendas
y en sus brazos, omnipotentes, presentes,
descender del lamento hasta la lápida.
Y vender por los mercados
la frutería del cristal de abajo.
Cristalería obsesiva que pronostica
tu sepulcro de vacilantes espumas.
Bajo al mar, su orilla de lactancia materna,
su ribera oblicua al océano, donde
metemos los laúdes en sepulcro material.
Ecos, mi voz y la vuestra,
de un turbio pasado inaugurado,
de un sanguíneo tronco de llantos,
de un cristalizado ramo de flores.
Sus brazos! Lánguidamente concluidos:
en piscinas de amianto, con esencias y perfumes
de diapasón, donde conservo
mi idioma hastiado, el hacha que perfora
mis omóplatos, astillándolos.
©