Antonio Blanca
Poeta recién llegado
Yo tenía amigos y los perdí cuando decidí que tenía que sentir el amor y no perder los cascos aparentando que estaba enamorado a las primeras de cambio como si echar un polvo de una noche significase algo perdurable y el comienzo de un romance. Todo era falso. Me temo que las verdaderas mujeres que he amado me han causado más penas y descalabros que alegrías y armonía. Nunca he seleccionado. Me juntaba con la primera que me dedicaba su tiempo o sexo sin mucho esfuerzo, pero nunca he esperado a sentir algo por alguien y que llegaran los besos y caricias y me sintiera vulnerable y desprotegido con el corazón abierto y la necesidad de estar a su lado sin mediar como principal el placer del cuerpo casi desde el primer momento. He sido un ligón de bar, pero lo de conocer y hablar con tranquilidad para saber si me gustaba su personalidad, de eso, nada de nada. Hacía todo el trabajo necesario para tumbarla, pero no la amaba. Iba demasiado rápido. Le daba más importancia a sentirme admirado por mis amigos dados mis éxitos y mi talento para seducir a la más dispuesta sin que para ella fuese algo más que el postre a una noche de marcha, un polvo con otro, igual que el finde anterior, y para mí en cambio, siempre tenía la esperanza de iniciar una relación seria, habiendo superado el miedo atroz, a sentirme yo mismo con mis inseguridades y dejar la careta de actor a un lado. Yo estaba en el error, influenciado por mi infancia, de que tenía que ser perfecto en todo, ser lo mejor de lo mejor, sin fallos, para que me aceptara una mujer. Con lo cual, siempre me enrollaba con la menos indicada para ser ambos pareja. Ellas buscaban sexo, y yo amor, sin saber que eso va lento. Un desastre. Ahora me encuentro con la senectud, y creo que nunca he hecho el amor, que solo he follado. Y descubrirlo con mi edad, con un cuerpo que ya no acompaña, y con unas candidatas con la misma apariencia, me hace pensar, que he fracasado en lo único por lo que vale la pena este valle de lágrimas: amar y ser amado. A ver si me reencarno, y tengo más suerte y siento escalofríos lentos y el calor del amor de una flor que me quite la respiración y cuando se enfade me tiemblen las piernas creyendo que es el final y que jamás superaré su falta su ausencia y haré lo imposible para retenerla.
Bueno...pensando en positivo, lo mismo me asomo al abismo y decido vivir ahora mismo lo que no viví por temor a sucumbir y no salir de ahí. Pero tengo que quererlo, desear y creer que puedo encontrar un ángel y que la admirare la querré y ella a mí igual. Pero me tiene que gustar, esto es primordial, si no me ocurre no alargar la relación aunque ella esté conforme. Tengo que enamorarme. Sentirme volando. Desear estar a su lado todo el rato. Sentirme un privilegiado. Y vivir una segunda juventud, temblar, juntar nuestros cuerpos en uno. Desear llegar a casa y abrazarla con fuerza. Sentirme y que se sienta, sentirnos, afortunados por habernos encontrado.
Bueno...pensando en positivo, lo mismo me asomo al abismo y decido vivir ahora mismo lo que no viví por temor a sucumbir y no salir de ahí. Pero tengo que quererlo, desear y creer que puedo encontrar un ángel y que la admirare la querré y ella a mí igual. Pero me tiene que gustar, esto es primordial, si no me ocurre no alargar la relación aunque ella esté conforme. Tengo que enamorarme. Sentirme volando. Desear estar a su lado todo el rato. Sentirme un privilegiado. Y vivir una segunda juventud, temblar, juntar nuestros cuerpos en uno. Desear llegar a casa y abrazarla con fuerza. Sentirme y que se sienta, sentirnos, afortunados por habernos encontrado.