Maroc
Alberto
Noche.
Noche y recuerdos.
Siempre acabo saludando
a aquellos amigos de ojos brillantes
que ya no pisan el suelo al andar.
Sábado,
al entrar, atrás, el helado viento,
las calles ciegas,
los conocidos,
algún transeúnte perezoso,
del frío escocía la garganta...
¿recuerdas...?
convertir la tristeza en humo,
en cenizas plateadas la nostalgia...
Mis escritos siempre han sido en el fondo sinceros,
muestras de un modo de sentir,
pensar,
ser,
vivir... en cada instante.
Ya sería mucho
que pudiéramos empezar
a hablar sin egoísmos, neuras ni rencores;
hablar y entendernos...
¿quieres?
Palabras que pese
a su hipotética ingenuidad
responden a una esperanza
arañando lo profundo,
intentando traducir
en comunicación aquello
que de color festivo o perfumado,
triste o con sabor a angustia
llevan consigo mis vivencias;
más ásperas o más gozosas.
Estoy, aquí, escribiendo de madrugada
de sábado a domingo
y juraría que muchos de vosotros,
que ahora me leéis,
estáis también con el boli
en los labios sobre un colchón
y una esperanza loca,
¡ y tan absurda!,
en un "mundo" de sabandijas y reptiles
agazapados detrás de la puerta,
en la escalera,
abajo,
en la calle.
Noche y recuerdos.
Siempre acabo saludando
a aquellos amigos de ojos brillantes
que ya no pisan el suelo al andar.
Sábado,
al entrar, atrás, el helado viento,
las calles ciegas,
los conocidos,
algún transeúnte perezoso,
del frío escocía la garganta...
¿recuerdas...?
convertir la tristeza en humo,
en cenizas plateadas la nostalgia...
Mis escritos siempre han sido en el fondo sinceros,
muestras de un modo de sentir,
pensar,
ser,
vivir... en cada instante.
Ya sería mucho
que pudiéramos empezar
a hablar sin egoísmos, neuras ni rencores;
hablar y entendernos...
¿quieres?
Palabras que pese
a su hipotética ingenuidad
responden a una esperanza
arañando lo profundo,
intentando traducir
en comunicación aquello
que de color festivo o perfumado,
triste o con sabor a angustia
llevan consigo mis vivencias;
más ásperas o más gozosas.
Estoy, aquí, escribiendo de madrugada
de sábado a domingo
y juraría que muchos de vosotros,
que ahora me leéis,
estáis también con el boli
en los labios sobre un colchón
y una esperanza loca,
¡ y tan absurda!,
en un "mundo" de sabandijas y reptiles
agazapados detrás de la puerta,
en la escalera,
abajo,
en la calle.
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