José Luis Galarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los cristales obnubilan, salen destellos del reflejo.
Los brotes traspasan la costura de irrealidades.
Hay rieles verticales y horizontales, encrucijadas.
El bordado de los hilos dorados multiplica los cristales.
No entiendo límites en la imaginería. No entiendo.
La arquitectura de la palabra sirve para encender.
Embriago así la composición y la vida.
Va mi fe en los cristales.
Las ecuaciones de la mirada, producto de cristales:
observan su forma, el arte, la distancia...
Hay lazos quebrados en una comunicación herida.
Si quiero interponer un pero,
perdóname la perspectiva,
el atrevimiento de compartir mis reflexiones,
el atrevimiento de cruzar límites,
de no mirar directamente a los ojos
pero lanzar palabras directamente al cuerpo.
El pero es una construcción, no un golpe.
Quisiera que porte una nota de invitación,
es una sensación que deberíamos permitirnos.
El pero, el sin embargo, el porque,
la duda y el potencial,
son vehículos de los cristales.
Permíteme un pero, un sin embargo,
no dejemos que la realidad adelgace.
Los brotes traspasan la costura de irrealidades.
Hay rieles verticales y horizontales, encrucijadas.
El bordado de los hilos dorados multiplica los cristales.
No entiendo límites en la imaginería. No entiendo.
La arquitectura de la palabra sirve para encender.
Embriago así la composición y la vida.
Va mi fe en los cristales.
Las ecuaciones de la mirada, producto de cristales:
observan su forma, el arte, la distancia...
Hay lazos quebrados en una comunicación herida.
Si quiero interponer un pero,
perdóname la perspectiva,
el atrevimiento de compartir mis reflexiones,
el atrevimiento de cruzar límites,
de no mirar directamente a los ojos
pero lanzar palabras directamente al cuerpo.
El pero es una construcción, no un golpe.
Quisiera que porte una nota de invitación,
es una sensación que deberíamos permitirnos.
El pero, el sin embargo, el porque,
la duda y el potencial,
son vehículos de los cristales.
Permíteme un pero, un sin embargo,
no dejemos que la realidad adelgace.