Callejero60
Sé agua ... o nada.
Escribir, publicar, compartir, demostrar, compartir, publicar, escribir, y vuelta a empezar. Como si mañana no fuera mañana, como si el último hálito tuviera que ir entre palabras, o se escapara la vida dejándonos en la estación que más odiamos: el olvido; solos... y con un poema en la recámara.
Mientras, las churrerías de letras hacen su Agosto, con un público en cola por recibir lo de siempre: otro amasijo de ideas, envueltas en el lenguaje de siempre, otro placebo inútil, para seguir como siempre.
Y entre fatuas y efímeras candelas de pasión por devorar los escritos del nuevo lumbreras que despunta, con un estilo fresco, elegante, descarado y canalla, pulula el novato buscando la alquimia prometida, y dando por real cada coma, cada parón, cada silencio, cada espacio entre renglones, cada imagen soñada; percibiendo fragancias que por nuevas, atractivas, y dejándose tallar en su mente otra impronta.
La de otro...
La de otro nobel saltador con trampolín que aún está aprendiendo a nadar, pero le dejaron la piscina llena y las llaves del vestuario. Es el ejemplo a seguir, el que interesa, el que nadie quiere, pero el más adictivo; elegido cualquiera sabe por quien, para marcar tendencias.
¿Letras? ¿Poesía? ¿Poetas? ¿Para qué? ¿Para quién?
Solo hay un camino hacia la gloria, hacia el triunfo, hacia el laurel... el del redil; lo demás, son nuestros ilusos sueños.
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