EN UN BOSQUE SIN UNICORNIOS
Con la profunda nocturnidad de la roca
con la equina mirada de una garza equivocada
así tú maliciosa entre las múltiples
tú destinada a desgajar en fragmentos melodiosos
corazones impávidos
islotes sedientos de amor
tú que llamas a la madrugada compañera de lascivias
oreando borealmente tus cabellos como algas
Roca voluminosa que alberga la historia no nacida
o como hojas de tiempo escritas con el punzón de las horas
entre ellas te busco tenazmente
horadando atardeceres sin luces de neón
esquivando las palabras que laceran como esquirlas de tu vientre
pues soy sin más un corazón que te huye
a ti tú la escabrosa
sombra o aliciente.
Prosigo por la alameda escuchando la eterna melodía
olfateando como una bestia encelada
los aromas que son tu cuerpo deseado
tú roca desalentada árbol carente de sombra tú
por quien soy ahora esa joya sin brillo
o avenida porticada desgranada en sus vitrinas
Tú o yo ¿qué más da?
Dos corazones sin pulso que han derramado sus copas
en la aridez de las rocas que son su sustento ahora...
Ilust.: Giorgio de Chirico. Las musas inquietantes. 1917
Con la profunda nocturnidad de la roca
con la equina mirada de una garza equivocada
así tú maliciosa entre las múltiples
tú destinada a desgajar en fragmentos melodiosos
corazones impávidos
islotes sedientos de amor
tú que llamas a la madrugada compañera de lascivias
oreando borealmente tus cabellos como algas
Roca voluminosa que alberga la historia no nacida
o como hojas de tiempo escritas con el punzón de las horas
entre ellas te busco tenazmente
horadando atardeceres sin luces de neón
esquivando las palabras que laceran como esquirlas de tu vientre
pues soy sin más un corazón que te huye
a ti tú la escabrosa
sombra o aliciente.
Prosigo por la alameda escuchando la eterna melodía
olfateando como una bestia encelada
los aromas que son tu cuerpo deseado
tú roca desalentada árbol carente de sombra tú
por quien soy ahora esa joya sin brillo
o avenida porticada desgranada en sus vitrinas
Tú o yo ¿qué más da?
Dos corazones sin pulso que han derramado sus copas
en la aridez de las rocas que son su sustento ahora...
Ilust.: Giorgio de Chirico. Las musas inquietantes. 1917