La Sexorcisto
Lluna V. L.
Tú, que pensaste en besarme,
ya había caído antes de caer
desde lo más alto,
más blanda que la oscuridad rasurada
empecinada en demostrarme
que Espronceda vive aún en un rincón
de Terra Mítica,
ojos salvajes lanzando rayos
y ese culo petrificando los acertijos,
unas palabras para quererlo todo
porque la suciedad no solo está en las calles
donde las esfinges guardan los monolitos egipcios,
los recuerdos de los momentos se hacen cristales sin marcos.
¿Qué silencio hay en el tornado?
Milésimas para ganar un poco de verdad congelada
y esa hierba de Whitman puede que sea del diablo,
arquetipos que se desvelan con el roce de una pluma
antes de perderse en el ácido de la aurora boreal,
es la escalera que siempre se baja.
ya había caído antes de caer
desde lo más alto,
más blanda que la oscuridad rasurada
empecinada en demostrarme
que Espronceda vive aún en un rincón
de Terra Mítica,
ojos salvajes lanzando rayos
y ese culo petrificando los acertijos,
unas palabras para quererlo todo
porque la suciedad no solo está en las calles
donde las esfinges guardan los monolitos egipcios,
los recuerdos de los momentos se hacen cristales sin marcos.
¿Qué silencio hay en el tornado?
Milésimas para ganar un poco de verdad congelada
y esa hierba de Whitman puede que sea del diablo,
arquetipos que se desvelan con el roce de una pluma
antes de perderse en el ácido de la aurora boreal,
es la escalera que siempre se baja.