Sus labios eran un nido de fuego.
-con llamas de besos y dientes-
ella había ocultado una danza en un vestido,
sus ojos miraban al cristal, sonrientes.
Cada coqueteo era la necesidad de un juego.
La mañana resplandecía desde la fisura de su vestido,
la noche se había arrodillado y adorado.
Susurrando preguntó ella al cristal:
"soy yo la que tú anhelas?"
El cristal era un nido de fuego..
-con llamas de besos y dientes-
ella había ocultado una danza en un vestido,
sus ojos miraban al cristal, sonrientes.
Cada coqueteo era la necesidad de un juego.
La mañana resplandecía desde la fisura de su vestido,
la noche se había arrodillado y adorado.
Susurrando preguntó ella al cristal:
"soy yo la que tú anhelas?"
El cristal era un nido de fuego..