BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Retrocediendo el paso,
Buscando un alimento
Que te sea propicio y benévolo,
Todavía, y en idénticas fuentes,
Perpetúas la inmovilidad de
Tu estado, sacrificando de ti,
Lo esencial, los sagrados labios, el propio
Movimiento. Y aunque no frecuentes,
Habitando el mismo espacio,
Lo abigarrado de las mismas mesas,
Hediondas y taberneras, en exceso,
Y para mal, te influyeron su voz,
Sus gestos, su prepotencia incuestionable.
Imperdonable pues te parecen ahora
Las pesadillas que acumulas tras la puerta
De tu dormitorio, donde duermes solo
Y como anclado a tierra. Observas
de soslayo, sus estúpidas maneras,
sus ridiculeces salvajemente empleadas, sus pedanterías,
el vocabulario ineficiente, la consagración
de aquella ebriedad en lo metafórico de su lenguaje.
Y no hallas forma humana de bajar la guardia
para defenderte de aquel que tanto daño hizo.
Sólo, y quizás, la lamentable desesperación
del niño, que, aferrado a su madre, desprecia
y olvida, la bofetada que continúa doliendo.
©
Buscando un alimento
Que te sea propicio y benévolo,
Todavía, y en idénticas fuentes,
Perpetúas la inmovilidad de
Tu estado, sacrificando de ti,
Lo esencial, los sagrados labios, el propio
Movimiento. Y aunque no frecuentes,
Habitando el mismo espacio,
Lo abigarrado de las mismas mesas,
Hediondas y taberneras, en exceso,
Y para mal, te influyeron su voz,
Sus gestos, su prepotencia incuestionable.
Imperdonable pues te parecen ahora
Las pesadillas que acumulas tras la puerta
De tu dormitorio, donde duermes solo
Y como anclado a tierra. Observas
de soslayo, sus estúpidas maneras,
sus ridiculeces salvajemente empleadas, sus pedanterías,
el vocabulario ineficiente, la consagración
de aquella ebriedad en lo metafórico de su lenguaje.
Y no hallas forma humana de bajar la guardia
para defenderte de aquel que tanto daño hizo.
Sólo, y quizás, la lamentable desesperación
del niño, que, aferrado a su madre, desprecia
y olvida, la bofetada que continúa doliendo.
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