Asklepios
Incinerando envidias
A quién no le gusta entretenerse
observando entre los tímidos rescoldos,
-huellas últimas-, de las horas,
y escuchar las historias que se cuentan
el pasado, el presente y el futuro.
No es tan difícil cuando se entiende
que, en realidad, el tiempo no existe. Nunca
ha existido. Y es entonces
cuando uno puede dedicarse a escuchar
todo lo que dicen sin parar:
los unos como grandes maestros
del recuerdo; otros, viviendo a fondo todo
momento y los terceros, asombran, -aún sin
quererlo-, a los demás con, ¿ sus infamias?, ¿o son
sus fantasías?... nunca me acuerdo con qué…
Ciertos son, tanto el matiz casi imposible de
sus certezas, como el imperceptible brillo desdibujado
de sus alquímicas resonancias que, de lograr observarlas,
rápido se entiende que son el mayor de los espectáculos:
Brotan de lo más invisible de la nada camino a
ningún sitio, y jamás dejarán de ser los dueños del
inmenso todo que la nada tiene.
observando entre los tímidos rescoldos,
-huellas últimas-, de las horas,
y escuchar las historias que se cuentan
el pasado, el presente y el futuro.
No es tan difícil cuando se entiende
que, en realidad, el tiempo no existe. Nunca
ha existido. Y es entonces
cuando uno puede dedicarse a escuchar
todo lo que dicen sin parar:
los unos como grandes maestros
del recuerdo; otros, viviendo a fondo todo
momento y los terceros, asombran, -aún sin
quererlo-, a los demás con, ¿ sus infamias?, ¿o son
sus fantasías?... nunca me acuerdo con qué…
Ciertos son, tanto el matiz casi imposible de
sus certezas, como el imperceptible brillo desdibujado
de sus alquímicas resonancias que, de lograr observarlas,
rápido se entiende que son el mayor de los espectáculos:
Brotan de lo más invisible de la nada camino a
ningún sitio, y jamás dejarán de ser los dueños del
inmenso todo que la nada tiene.