VIGILIA
Duermo sobre la piedra encinta
grumos de niebla disimulan el torpor de mi pensamientos
me cercan gusanos enlevitados
pero ella se disipó con la luz del amanecer.
Distraídos con las canciones de paso
los ancestrales pastores arrancan peras al olmo
mientras helechos y gamuzas alimentan el deshielo
Llueve llueve con la nostalgia de los acuíferos resecos
Páginas deslustradas por las continuas lecturas
las lajas de las de pizarras condensan la eternidad
Entre ellas huyen las sulfúreas emanaciones de algún infierno
pero he de aprender a leerlas y a contar sin usar dedos.
Vigilias expectantes contando latidos y estrellas
murmurando antiguas preces grabadas en los menhires
contemplo cómo pausadamente el caracol hace su ronda
en silencio ojo avizor babeante de lujuria.
Como soles apagados de antiguas constelaciones
las rojas huellas de tus caricias esmaltan los marcos de mi historia última
aquella que ya duerme en los lóbregos sótanos del recuerdo
te fuiste revestida con la belleza que una vez fue mía.
Fue ominosa la velada del adiós con los candelabros enmohecidos
Las bóvedas lloraban sus verdes excrecencias con la congoja de un niño
y las episódicas risas de las viandas sin salamandras
amenizaban como cuartetos desvaídos.
Triste fue la vigilia como tristes eran tus ojos de gacela
Hasta el viejo dragón que te guardaba pasó sus fuegos a tus ojos
Inclinadas las torres se postraban haciendo crujir sus piedras
Y los arbóreos gallardetes emprendieron su vuelo sin retorno.
Derruídas las catedrales las salmodias temblorosas
se refugiaron en las vagorosas nubes de incienso
Todo el mundo se sumergió en el sideral silencio
esperando el trueno que anunciase el comienzo de la cena.
Duermo sobre la piedra encinta
grumos de niebla disimulan el torpor de mi pensamientos
me cercan gusanos enlevitados
pero ella se disipó con la luz del amanecer.
Distraídos con las canciones de paso
los ancestrales pastores arrancan peras al olmo
mientras helechos y gamuzas alimentan el deshielo
Llueve llueve con la nostalgia de los acuíferos resecos
Páginas deslustradas por las continuas lecturas
las lajas de las de pizarras condensan la eternidad
Entre ellas huyen las sulfúreas emanaciones de algún infierno
pero he de aprender a leerlas y a contar sin usar dedos.
Vigilias expectantes contando latidos y estrellas
murmurando antiguas preces grabadas en los menhires
contemplo cómo pausadamente el caracol hace su ronda
en silencio ojo avizor babeante de lujuria.
Como soles apagados de antiguas constelaciones
las rojas huellas de tus caricias esmaltan los marcos de mi historia última
aquella que ya duerme en los lóbregos sótanos del recuerdo
te fuiste revestida con la belleza que una vez fue mía.
Fue ominosa la velada del adiós con los candelabros enmohecidos
Las bóvedas lloraban sus verdes excrecencias con la congoja de un niño
y las episódicas risas de las viandas sin salamandras
amenizaban como cuartetos desvaídos.
Triste fue la vigilia como tristes eran tus ojos de gacela
Hasta el viejo dragón que te guardaba pasó sus fuegos a tus ojos
Inclinadas las torres se postraban haciendo crujir sus piedras
Y los arbóreos gallardetes emprendieron su vuelo sin retorno.
Derruídas las catedrales las salmodias temblorosas
se refugiaron en las vagorosas nubes de incienso
Todo el mundo se sumergió en el sideral silencio
esperando el trueno que anunciase el comienzo de la cena.