Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
No todos mis ojos están contigo,
algunos se abren desde las paredes,
en la cerradura forzada sobre los gritos,
en la mesa donde te mirabas a ti misma tendida
entre el banquete y tu muerte.
En esa estúpida sombra, incrédula
a la que siempre se le parten los dientes
en este momento,
con su refugio infinito
de palidez inerte.
¡No! No todos mis ojos están contigo.
Algunos conviven, con su absurdo delirio,
una y otra vez sin poder entender,
tu mirada sobre mí,
enunciando por última vez
que puedes hablar de la trivialidad
al mismo tiempo, que del abismo.
No, no todos mis ojos están contigo.
algunos se abren desde las paredes,
en la cerradura forzada sobre los gritos,
en la mesa donde te mirabas a ti misma tendida
entre el banquete y tu muerte.
En esa estúpida sombra, incrédula
a la que siempre se le parten los dientes
en este momento,
con su refugio infinito
de palidez inerte.
¡No! No todos mis ojos están contigo.
Algunos conviven, con su absurdo delirio,
una y otra vez sin poder entender,
tu mirada sobre mí,
enunciando por última vez
que puedes hablar de la trivialidad
al mismo tiempo, que del abismo.
No, no todos mis ojos están contigo.