No, nunca supe jugar ajedrez
ni las matemáticas eran lo mío
las escaleras me aterran
temo a las alturas.
Hay cosas
que no comprendo
y que no deseo
comprender
un reloj ebrio me mira
la manija de la puerta
gira al revés.
Me confunde
la raíz de otro árbol
entumecida
apuesto por su voz
de trueno y de relámpago.
Hay una niña inquieta
me observa con ternura
me habla de una infancia difícil
de los peces
que nunca llegaron
a su orilla.
Siento el pálpito de una campana
en mi pecho blanco
como una amapola
en invierno
se deja caer sobre la escarcha.
No me gustan los cuadrados
ni la geometría
ni siquiera lo que no aprendí de Baldor.
ni las matemáticas eran lo mío
las escaleras me aterran
temo a las alturas.
Hay cosas
que no comprendo
y que no deseo
comprender
un reloj ebrio me mira
la manija de la puerta
gira al revés.
Me confunde
la raíz de otro árbol
entumecida
apuesto por su voz
de trueno y de relámpago.
Hay una niña inquieta
me observa con ternura
me habla de una infancia difícil
de los peces
que nunca llegaron
a su orilla.
Siento el pálpito de una campana
en mi pecho blanco
como una amapola
en invierno
se deja caer sobre la escarcha.
No me gustan los cuadrados
ni la geometría
ni siquiera lo que no aprendí de Baldor.