Hotarubi
Poeta recién llegado
Le faltaba un ala a aquella mariposa,
torpemente, se posaba en el filo de la taza.
Una mirada quieta, un reflejo anómalo
que entendía a aquel ser inacabado.
Esa habitación incompleta olía a tatami,
allí mi corazón disonante soñaba para vivir,
y entonces, me vestí con un kimono ajado
donde se esconden entre los pliegues
recuerdos que saben a un atardecer,
espacios intercalados de luces y sombras
que mis dedos doblan, haciendo mil grullas.
Porque mis labios rojos quieren ser tu hanabi.
¿Podré llegar a ese cielo?
A ese espacio que no se ve pero que existe,
transparencia de un tacto que deshoja el crisantemo,
invisible pero presente, infinito.
Dejo el shoji abierto para que puedas mirar
mientras estoy esperando, comiendo cerezas,
a que la fugaz mariposa vuelva a volar,
renacer.