Cuando la angustia apremia
se cierran las gargantas,
y el presente
se tapa de preguntas,
y el futuro es silencio,
nada más que silencio.
Extravié la certeza,
justamente ahí,
en el filo del hoy
y arañando el mañana.
Se fue desvaneciendo,
lentamente,
por una herida abierta,
en el costado izquierdo
de la creyente fe,
y me quedé indefenso,
vacío,
irremediablemente solo,
ante la eternidad brutal,
escandalosa,
de los espacios infinitos
que aplastan catedrales
desde todos los vientos.
El tiempo es una niebla
que todo se lo engulle.
Agujas como flechas
desangran los latidos,
y la razón no llega
a cubrir tantos huecos.
Extravié la certeza
entre los ataúdes,
de las generaciones
que fueron olvidadas.
¡Ya estamos en el cielo!
encima de esta nave
toda contaminada,
y no hay un paraíso
que resguarde a los niños
del vuelo de las bombas.
Con el mundo en un puño
todo tenía sentido.
Eran grandes columnas,
gigantes murallones,
una feliz mentira
en donde recostarse.
Se mueren las metáforas
que calmaban la angustia,
y ya no habrá retorno
al tiempo de las flores.
Me muevo como un lobo,
alerta, solitario,
escudriñando al viento
en la espesa maleza
del paso de los días...
La muerte es un aullido
que se acerca.
se cierran las gargantas,
y el presente
se tapa de preguntas,
y el futuro es silencio,
nada más que silencio.
Extravié la certeza,
justamente ahí,
en el filo del hoy
y arañando el mañana.
Se fue desvaneciendo,
lentamente,
por una herida abierta,
en el costado izquierdo
de la creyente fe,
y me quedé indefenso,
vacío,
irremediablemente solo,
ante la eternidad brutal,
escandalosa,
de los espacios infinitos
que aplastan catedrales
desde todos los vientos.
El tiempo es una niebla
que todo se lo engulle.
Agujas como flechas
desangran los latidos,
y la razón no llega
a cubrir tantos huecos.
Extravié la certeza
entre los ataúdes,
de las generaciones
que fueron olvidadas.
¡Ya estamos en el cielo!
encima de esta nave
toda contaminada,
y no hay un paraíso
que resguarde a los niños
del vuelo de las bombas.
Con el mundo en un puño
todo tenía sentido.
Eran grandes columnas,
gigantes murallones,
una feliz mentira
en donde recostarse.
Se mueren las metáforas
que calmaban la angustia,
y ya no habrá retorno
al tiempo de las flores.
Me muevo como un lobo,
alerta, solitario,
escudriñando al viento
en la espesa maleza
del paso de los días...
La muerte es un aullido
que se acerca.
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