Odisea
Poeta recién llegado
He llamado desde la incertidumbre,
donde he podido resguardar mi sangre,
después de tanta tempestad
no hay silencio en la mar.
Te recordé en la súbita calma,
cuando despistado abría las puertas del averno,
y en tu potestad por resistir
el viento se llevaba tu sonrisa.
¿Cual ha sido en esta vida, el cruel maleficio de respirar sin tu brevedad?
Aquí ya un libro eterno,
dichosos sus vestigios
ruegan por hallarse.
He dado aviso al imprevisto,
no deba ser efímero abismo que nos separe,
si te he escrito desde mi piel,
no hay cosa mas preciada que amar.
Las palabras no han de ser intensas en el infinito,
en la frivolidad de esta oscuridad,
he de ser aquel que perezca en la soledad.
Te recuerdo cascabel brillante,
lamento leer estos versos
sobre tu tumba,
en tu sutil descanso del pasar,
puedan ser las lagrimas de esta brevedad
que se parezcan a ti, y en la suerte divina de entender el significado de la vida,
te vea una vez mas.
Asi la muerte ansiosa
bosteza en quietud,
y a su merced perpetua la tranquilidad impensada,
para que ella descanse en el camino.
Te extraño en la brevedad de mis días, por siempre. (Carta vieja, olvidada al costado de un nicho ya casi roto por el pasar. Hacia alguien que ya no pertenece a este mundo)
donde he podido resguardar mi sangre,
después de tanta tempestad
no hay silencio en la mar.
Te recordé en la súbita calma,
cuando despistado abría las puertas del averno,
y en tu potestad por resistir
el viento se llevaba tu sonrisa.
¿Cual ha sido en esta vida, el cruel maleficio de respirar sin tu brevedad?
Aquí ya un libro eterno,
dichosos sus vestigios
ruegan por hallarse.
He dado aviso al imprevisto,
no deba ser efímero abismo que nos separe,
si te he escrito desde mi piel,
no hay cosa mas preciada que amar.
Las palabras no han de ser intensas en el infinito,
en la frivolidad de esta oscuridad,
he de ser aquel que perezca en la soledad.
Te recuerdo cascabel brillante,
lamento leer estos versos
sobre tu tumba,
en tu sutil descanso del pasar,
puedan ser las lagrimas de esta brevedad
que se parezcan a ti, y en la suerte divina de entender el significado de la vida,
te vea una vez mas.
Asi la muerte ansiosa
bosteza en quietud,
y a su merced perpetua la tranquilidad impensada,
para que ella descanse en el camino.
Te extraño en la brevedad de mis días, por siempre. (Carta vieja, olvidada al costado de un nicho ya casi roto por el pasar. Hacia alguien que ya no pertenece a este mundo)