Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Dejar huella de lo que se hace, es no permitir que la roca se vuelva arena, y si así se volviere, en ella germinará la vida que alimentará a las siguientes generaciones.
Manos que se cruzan y hacen malabares,
gestos, miradas a veces sin respuesta,
tras el baño de luz que se escurre
presuroso por el amplio ventanal,
silencios eternos cargados de sentido,
palabras que quedan como eco
en la memoria de los estudiantes,
recuerdos que nunca se pierden porque
los saberes se comparten y se multiplican.
Momentos, eternos momentos,
que nunca el tiempo los arrebatará,
que se multiplicarán como las semillas
en los grandes pastizales para alimentar
el ganado y su dueño,
para llevar a la mesa un pan horneado,
una arepa, un buñuelo, un tamal,
una natilla en la segunda navidad de pandemia.
¿Cómo dejar perder en el tiempo
una memoria que se construye
hilando saberes tras los muros,
en la fértil tierra, donde los árboles,
los pájaros y las mariposas son testigos
de las maravillas y la gloria de nuestros Maestros
que vivirán una eternidad,
generación tras generación,
en el alma de los muchachos del barrio que los vio crecer
con la grandeza y ternura de los saberes que tejieron
en su entraña, en la pizarra de su alma,
nuestros abnegados y heroicos Maestros?
¿Cómo no rendirle homenaje a Nuestros Maestros de Nuestra Francisco Luis?
Manos que se cruzan y hacen malabares,
gestos, miradas a veces sin respuesta,
tras el baño de luz que se escurre
presuroso por el amplio ventanal,
silencios eternos cargados de sentido,
palabras que quedan como eco
en la memoria de los estudiantes,
recuerdos que nunca se pierden porque
los saberes se comparten y se multiplican.
Momentos, eternos momentos,
que nunca el tiempo los arrebatará,
que se multiplicarán como las semillas
en los grandes pastizales para alimentar
el ganado y su dueño,
para llevar a la mesa un pan horneado,
una arepa, un buñuelo, un tamal,
una natilla en la segunda navidad de pandemia.
¿Cómo dejar perder en el tiempo
una memoria que se construye
hilando saberes tras los muros,
en la fértil tierra, donde los árboles,
los pájaros y las mariposas son testigos
de las maravillas y la gloria de nuestros Maestros
que vivirán una eternidad,
generación tras generación,
en el alma de los muchachos del barrio que los vio crecer
con la grandeza y ternura de los saberes que tejieron
en su entraña, en la pizarra de su alma,
nuestros abnegados y heroicos Maestros?
¿Cómo no rendirle homenaje a Nuestros Maestros de Nuestra Francisco Luis?