BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para escaparme, para evitarme
suicidios en precipicios de sitios invernales,
para subyugar los fantasmas propios y lejanos,
los ateos sucintos cuyas cavernas acuden como
piojos a los ojos, a los iris, cuyas pupilas
engrandecen este mundo y sus circunstancias.
Llego yo y blando la luz de las espadas
circuncisas, las aldabas hago vibrar de sonido
y estupor, los camiones lleno de miserias y de miserables,
los catapulto hacia la lejanía inmensa, sombras de los
elementos desvanecidos. Mis sombras, las ajenas,
todo lo que constituye este infinito pedregoso,
hago rodar, cabeza abajo punta de alfiler, sobre
carreteras polvorientas, sobre carruseles de vergüenza.
©
suicidios en precipicios de sitios invernales,
para subyugar los fantasmas propios y lejanos,
los ateos sucintos cuyas cavernas acuden como
piojos a los ojos, a los iris, cuyas pupilas
engrandecen este mundo y sus circunstancias.
Llego yo y blando la luz de las espadas
circuncisas, las aldabas hago vibrar de sonido
y estupor, los camiones lleno de miserias y de miserables,
los catapulto hacia la lejanía inmensa, sombras de los
elementos desvanecidos. Mis sombras, las ajenas,
todo lo que constituye este infinito pedregoso,
hago rodar, cabeza abajo punta de alfiler, sobre
carreteras polvorientas, sobre carruseles de vergüenza.
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