Entre la lluvia, un sapo
salta sin descanso.
Los chiquillos le siguen.
La abuela, con su gris delantal,
le coge y le aleja de los niños.
Venid: dice la abuela,
os voy a contar un cuento.
Una niña como vosotros,
estaba maltratando
a un lindo sapo.
El pobre animal
trataba de escapar sin resultado,
hasta que llegó Rosa,
la mas pequeña del grupo;
lo cogió y se lo llevó a su casa.
Le cuidó con esmero
y le daba de comer.
Después de algunos días
preguntó Rosa al sapito:
¿estás bien aquí?.
El sapo contestó:
muy bien, pequeña,
pero me gustaría ir a mi charca.
¡Claro¡ dijo Rosa un poco apenada.
Yo te limpiaré la casa de insectos,
y cuando termine,
me llevas al camino estrecho,
e iré solo a mi charca.
dijo el sapito.
Genial, dijo Rosa.
El sapo habló de nuevo:
cuando me necesites,
me llamas y limpio la casa otra vez.
Los dos quedaron contentos
con el trato,
y fueron amigos para siempre.
salta sin descanso.
Los chiquillos le siguen.
La abuela, con su gris delantal,
le coge y le aleja de los niños.
Venid: dice la abuela,
os voy a contar un cuento.
Una niña como vosotros,
estaba maltratando
a un lindo sapo.
El pobre animal
trataba de escapar sin resultado,
hasta que llegó Rosa,
la mas pequeña del grupo;
lo cogió y se lo llevó a su casa.
Le cuidó con esmero
y le daba de comer.
Después de algunos días
preguntó Rosa al sapito:
¿estás bien aquí?.
El sapo contestó:
muy bien, pequeña,
pero me gustaría ir a mi charca.
¡Claro¡ dijo Rosa un poco apenada.
Yo te limpiaré la casa de insectos,
y cuando termine,
me llevas al camino estrecho,
e iré solo a mi charca.
dijo el sapito.
Genial, dijo Rosa.
El sapo habló de nuevo:
cuando me necesites,
me llamas y limpio la casa otra vez.
Los dos quedaron contentos
con el trato,
y fueron amigos para siempre.